spot_img
Advertisement

Vacaciones en pareja: ¿por qué a veces discutimos justo cuando tenemos más tiempo para estar juntos?
V

“¿Cómo es posible que discutamos precisamente ahora que estamos de vacaciones?»

La tarde cae sobre la ribera del Tajo. Después de un día de calor, por fin corre un poco de aire. Una pareja pasea despacio. Habían imaginado ese momento durante semanas: caminar sin prisas, tomar algo en una terraza y disfrutar de unos días sin mirar el reloj.

Vacaciones en pareja: ¿por qué a veces discutimos justo cuando tenemos más tiempo para estar juntos?
Vacaciones en pareja: ¿por qué a veces discutimos justo cuando tenemos más tiempo para estar juntos?

Entonces uno pregunta:

¿Qué hacemos ahora?

Uno quiere sentarse a descansar. El otro prefiere seguir paseando. Después llega el tema de la cena, de qué hacer al día siguiente o de cuánto tiempo pasar con la familia. Lo que parecía una conversación sin importancia acaba convirtiéndose en una discusión.

¿Cómo es posible que discutamos precisamente ahora que estamos de vacaciones?»

La respuesta suele ser menos preocupante de lo que imaginamos.

Las vacaciones no estropean las relaciones. Lo que hacen es cambiar el escenario.

Durante el año vivimos con horarios, trabajo y obligaciones. Muchas conversaciones quedan aplazadas porque siempre hay algo urgente.

Cuando llegan las vacaciones ocurre justo lo contrario.

Pasamos muchas más horas juntos. Compartimos decisiones continuamente: qué hacer, dónde comer, cuándo descansar o con quién quedar. Además, solemos llegar con una mochila llena de expectativas. Esperamos desconectar, recuperar el tiempo perdido y que todo salga bien.

Es precisamente esa combinación de más tiempo compartido y expectativas más altas la que puede hacer que aparezcan pequeños roces.

El psicólogo John Gottman, uno de los investigadores que más ha estudiado las relaciones de pareja descubrió algo muy interesante: las relaciones no suelen deteriorarse por las grandes discusiones, sino por la acumulación de pequeños momentos en los que dejamos de sentirnos escuchados, comprendidos o valorados. En realidad, las parejas felices no son las que nunca discuten; son las que saben reparar el vínculo después de un conflcito mostrando interés, afecto o incluso un poco de humor para volver a encontrarse.

Además, muchas veces, las discusiones no empiezan por el motivo que parece.

Imagina esta escena:

Uno está preparando la comida mientras el otro está sentado mirando el móvil.

Quien cocina tenía la expectativa de que harían la comida entre los dos, y empieza a pensar:

«Me está viendo que lo estoy haciendo todo yo, y ahí sigue con el móvil»

Mientras tanto, la otra persona quizá no se ha dado cuenta, o quizá piensa:

«En cuanto termine este mensaje voy.»

Dos personas.

Dos interpretaciones distintas.

Al final, la discusión no empieza por la comida. Empieza porque uno esperaba algo que el otro nunca llegó a saber.

La psicóloga Sue Johnson, creadora de la Terapia Focalizada en las Emociones, explica que detrás de muchas discusiones aparentemente triviales suele esconderse una necesidad más profunda: «¿Puedo contar contigo? ¿Soy importante para ti?» Cuando esa necesidad emocional no encuentra respuesta, una conversación sobre la playa o el restaurante puede acabar hablando de algo mucho más importante.

Por eso, en lugar de esperar que nuestra pareja adivine lo que necesitamos, suele ser mucho más útil expresarlo con claridad. Nadie puede adivinar lo que estamos pensando si no se lo decimos.

No es lo mismo pensar:

«Me está viendo que estoy haciendo la comida y aquí sigo haciendo todo yo.»

Que decir:

¿Cocinamos juntos?

Puede parecer un cambio pequeño.

Pero también puede cambiar por completo el rumbo de la conversación.

Hoy te propongo algo muy sencillo que podeis hacer antes de empezar el día.

Solo lleva unos minutos.

Mientras desayunáis o antes de salir de casa, responded por turnos a estas tres preguntas:

  • ¿Qué sería para mí un buen día hoy?
  • ¿Qué necesito para disfrutarlo?
  • ¿En qué estoy dispuesto/a a ceder para que los dos estemos bien?

La única norma es escuchar.

Sin interrumpir. Sin justificar.

Muchas veces las discusiones no nacen porque queramos cosas incompatibles, sino porque damos por hecho que el otro ya sabe lo que esperamos.

Los problemas no aparecen de repente en agosto; agosto nos da más tiempo para verlos… y también más tiempo para solucionarlos. A veces, cinco minutos para escucharnos pueden hacer mucho más por una relación que el destino elegido para las vacaciones.

Eva Chimeno

Psicología positiva y bienestar

spot_img
spot_img
spot_img

OTRAS NOTICIAS

OFERTAS DE EMPLEO

spot_img
Advertisement
Advertisement

OTRAS NOTICIAS

Advertisement

OTRAS HISTORIAS