Advertisement

¿Por qué el olor a pan recién hecho nos hace sentir tan bien? La psicología de los pequeños placeres
¿

Apenas eran las nueve de la mañana cuando, al pasar junto a una panadería del barrio, una ráfaga de olor a pan recién hecho me obligó a levantar la cabeza. Durante unos segundos dejé de pensar en todo lo que tenía que hacer.

Un señor sonrió para sí, como si aquel aroma hubiera despertado un recuerdo.

¿Por qué el olor a pan recién hecho nos hace sentir tan bien? La psicología de los pequeños placeres
¿Por qué el olor a pan recién hecho nos hace sentir tan bien? La psicología de los pequeños placeres

A mí me ocurrió exactamente lo mismo, y también sonreí. Y pensé: qué curioso que algo tan simple consiga eso.

Porque tenemos la costumbre de creer que el bienestar llegará con los grandes acontecimientos. Un viaje. Una boda. Un ascenso.

Y en realidad podemos encontrarlo en los detalles pequeños. Un café al solecito. Una cerveza en una terraza. Una conversación con una amiga. El aire en la cara mientras paseamos. Un atardecer junto al río.
El olor a pan…

La investigadora Sonja Lyubomirsky, una de las mayores expertas en bienestar, ha mostrado que aprender a saborear conscientemente los pequeños momentos agradables ayuda a aumentar nuestro bienestar cotidiano.

La psicología positiva lleva años estudiando esto. Hay un concepto muy sencillo: disfrutar de los pequeños placeres. Porque el cerebro tiene tendencia a acostumbrarse rápido a lo bueno y a convertirlo en “lo normal”. Como cuando vives cerca del Prado y ya ni miras los árboles. A este fenómeno se le conoce como adaptación hedónica. Y para combatirlo hay algo muy sencillo que podemos hacer.

El problema no es que no haya momentos agradables. El problema es que muchas veces estamos pensando en lo siguiente mientras ocurren.
Y los dejamos pasar.
Y lo curioso es que, cuando nos detenemos unos segundos para saborear una experiencia agradable, nuestro cerebro la registra con más intensidad y esa sensación agradable permanece durante más tiempo.
No hacen falta grandes acontecimientos. Basta con detenernos unos segundos y disfrutar.

PRACTÍCALO HOY:

Te propongo una cosa muy simple. Y precisamente por eso funciona.

  • Elige un momento cotidiano: El primer café. Las sábanas recien cambiadas. Comer un poco de queso. Contemplar el atardecer, el primer baño del verano. Lo que sea.
  • Párate unos segundos más de lo normal, sin móvil. Sin correr mentalmente hacia otra cosa.
  • Fíjate deliberadamente en detalles concretos: El olor. El color. La temperatura. Un sonido. La sensación en la piel…
  • Deléitate con la experiencia. No hace falta que hagas nada más. Solo estar ahí un momento, disfrutando, saboreando el instante con atención.

Parece poca cosa. Pero el bienestar cotidiano también se construye así. A base de pequeños momentos.

Quizá mañana vuelvas a cruzarte con el olor a pan recién hecho. O quizá sea el primer sorbo del café, una conversación en una terraza o el aire fresco al caer la tarde. Sea lo que sea, no dejes que pase de largo.
Detente un instante. Porque el bienestar, muchas veces, no llega haciendo más cosas. Llega cuando nos damos permiso para saborear las que ya están ocurriendo.

Eva Chimeno
Psicología para el día a día

OTRAS NOTICIAS

OFERTAS DE EMPLEO

Advertisement
Advertisement

SABOREA TALAVERA

spot_img
Advertisement

OTRAS HISTORIAS

spot_img