Caminamos por las mismas calles, pero algunos lo hacen a un ritmo distinto. Marta, presidenta de TEA Talavera y madre de un niño con Trastorno del Espectro Autista (TEA), nos abre las puertas de una realidad tan invisible como presente.

Un punto de partida: la necesidad
TEA Talavera nace hace más de 13 años de la unión de varias familias que querían mejorar la vida de sus hijos. Hoy, más de 130 familias encuentran en la Asociación un refugio, una guía y un equipo de profesionales que entienden el autismo desde el amor y la entrega.
“Eres más fuerte de lo que crees”
Así se hablaría Marta a sí misma si pudiera retroceder al día del diagnóstico. “Nos sentimos desbordados, pero nuestros hijos nos enseñan a resistir”.
El mensaje a las nuevas familias: no están solas. TEA Talavera es comunidad, apoyo y comprensión.
Más que diagnóstico: humanidad
“Los niños con TEA son sinceros, nobles, sin maldad”. Marta describe momentos cotidianos que desarman prejuicios: un niño que prueba por primera vez calabacín, otro que deja atrás el miedo al váter, el primero que dice “mamá” con ayuda de un comunicador.
Pequeños milagros que llenan de sentido el esfuerzo.
Una ciudad más comprensiva
Aunque Talavera ha avanzado en concienciación, Marta lanza un llamamiento: más formación en colegios, más recursos en salud mental y diagnóstico, y una petición clara a los empresarios:
“Necesitamos corazones azules dispuestos a darles una oportunidad laboral”.
El sueño: una nueva sede
Gracias a la cesión de un local por FEDETO, la Asociación avanza hacia un nuevo espacio en la calle Mesones. Con apoyos institucionales, pero escasos recursos, han lanzado la campaña #MiMetroPorTEA para sumar microdonaciones.
“La obra es grande, pero la ilusión también”, afirma Marta.
Solidaridad que emociona
Desde conciertos benéficos hasta donaciones anónimas de aires acondicionados, Talavera ha demostrado su lado más solidario.
“La gente no imagina lo que significan esos gestos para nosotros”, dice con emoción.
¿Qué hacer si ves una crisis en la calle?
“Solo pedimos una sonrisa”. Marta invita a mirar con empatía, no con juicio. Porque el autismo no se ve, pero se siente. Y lo que estas familias más necesitan es comprensión.
Al final del día…
…cuando se apagan las luces, Marta resume la sensación compartida:
“Estamos cansados, sí, pero lo estamos intentando. No somos héroes, solo padres y madres luchando por lo mejor para nuestros hijos”.


