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Mucho más que playa: cómo se disfruta hoy la Costa del Sol, de Nerja a Sotogrande
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Pueblos blancos, un parque nacional a media hora del mar, más de setenta campos de golf y una cocina que ha salido del chiringuito sin renunciar a él. Guía para descubrir el litoral malagueño con otra mirada, también fuera del verano.

Durante décadas, la Costa del Sol se ha resumido en tres palabras: sol, playa y hotel. La foto sigue siendo cierta en julio y agosto, pero se ha quedado corta. Entre Nerja y Sotogrande hay algo más de 150 kilómetros de litoral en los que caben cuevas prehistóricas, pueblos moriscos, un parque nacional declarado hace apenas cinco años, rutas de senderismo con vistas al Estrecho y una escena gastronómica que ha crecido mucho más allá del espeto, sin renunciar a él.

La ventaja de este destino no es tener una única cosa espectacular, sino que casi todo está cerca. Se puede desayunar frente al mar, comer en la montaña y volver a la costa a tiempo para el atardecer. Esa es, probablemente, la mejor forma de plantear un viaje por aquí: no elegir entre playa, naturaleza, deporte o gastronomía, sino combinarlas.

Nerja y la Axarquía: el este que muchos se saltan

Quien llega desde Málaga capital suele girar hacia el oeste. El este malagueño, sin embargo, ofrece uno de los tramos de costa más bonitos de Andalucía.

Nerja funciona bien como base. Su Balcón de Europa es la postal obligada, pero el interés está en los alrededores: las Cuevas de Nerja, descubiertas por casualidad en 1959 y convertidas en uno de los grandes reclamos de la provincia; el pequeño núcleo de Maro, con su acueducto y su playa encajada entre acantilados; y el paraje natural de los Acantilados de Maro-Cerro Gordo, que protege calas de agua transparente accesibles a pie, en kayak o en barco.

A diez minutos en coche está Frigiliana, uno de esos pueblos blancos de callejón estrecho y cuesta empinada que conservan el trazado morisco casi intacto. Y detrás, la Axarquía: vino dulce, aguacates, aceite, rutas por el interior y pueblos como Cómpeta o Torrox.

La ubicación condiciona mucho la experiencia, así que antes de decidir cuál es el mejor hotel de Nerja para cada tipo de viaje conviene aclarar si se busca playa a pie de puerta, casco histórico o una base cómoda desde la que moverse hacia el interior. No es lo mismo viajar con niños que planear una escapada de senderismo.

Los desvíos que merecen la pena

La costa gana mucho cuando se alterna con el interior. Y aquí los desvíos son cortos.

Mijas Pueblo, colgado sobre la bahía de Fuengirola, ofrece uno de los mejores miradores del litoral. Casares, blanco y vertical bajo su castillo, es probablemente el pueblo más fotogénico del extremo occidental. Benahavís, encajado entre montañas a pocos kilómetros de Marbella, se ha ganado fama de destino gastronómico. Y algo más al norte, Ronda y el Tajo justifican por sí solos una jornada completa.

Ninguno está a más de una hora de la playa. Media mañana basta para cambiar de paisaje por completo.

Un destino para moverse

El clima explica buena parte de la oferta deportiva: aquí se puede entrenar al aire libre prácticamente todo el año, y eso ha convertido la provincia en un destino de deporte más que de verano.

El golf es el caso más evidente. Con más de setenta campos repartidos entre Málaga, Mijas, Marbella, Estepona, Benahavís y Sotogrande, la zona se conoce internacionalmente como Costa del Golf, y en 2026 ha acogido desde pruebas del Legends Tour hasta torneos del circuito femenino.

Pero hay mucho más. El paseo marítimo que enlaza varios municipios permite correr kilómetros sin cruzar un semáforo. El ciclismo de carretera encuentra puertos exigentes subiendo hacia Ronda o Istán. Los deportes acuáticos —paddle surf, kayak, vela, buceo— funcionan de abril a octubre, y en algunas zonas más. Quienes viajan con raqueta encuentran instalaciones repartidas por todo el litoral, desde pistas municipales hasta opciones de tennis club Estepona, Marbella o Mijas, lo que permite mantener el ritmo de entrenamiento incluso en una escapada corta.

El pádel, por su parte, se ha vuelto casi omnipresente: pocos municipios de la costa no tienen pistas disponibles por horas.

La montaña está a media hora del mar

Es el argumento que más sorprende a quien visita la zona por primera vez.

La Sierra de las Nieves fue declarada Parque Nacional en julio de 2021 —el decimosexto de España y el tercero de Andalucía—, con casi 23.000 hectáreas repartidas entre Ronda, Yunquera, Tolox, Istán, Monda, El Burgo, Parauta y Benahavís. Este verano ha cumplido su primer lustro. Su gran singularidad es el pinsapo, un abeto relicto que solo sobrevive en un puñado de sierras del sur.

Más al oeste, Sierra Bermeja levanta su silueta rojiza sobre Estepona, con rutas que en días claros dejan ver África. Y en el interior, el Caminito del Rey sigue siendo la excursión más solicitada de la provincia: un recorrido total de 7,7 kilómetros —4,8 de accesos y 2,9 de pasarelas sobre el desfiladero de los Gaitanes— que conviene reservar con semanas de antelación.

Comer aquí también es una forma de viajar

La gastronomía malagueña se ha sofisticado sin perder su base: pescado fresco, verdura de temporada, aceite y producto de la huerta.

El espeto de sardinas sigue siendo el gesto identitario del litoral, y no es casualidad que la carpintería de ribera —el oficio artesanal que construye las barcas de madera varadas en las playas donde se asan— fuera inscrita en abril de 2026 como Bien de Interés Cultural en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz.

Alrededor de ese núcleo hay mucho que probar: el pescaíto frito y los boquerones victorianos; el ajoblanco con uvas moscatel; la porra antequerana; los vinos dulces de la Axarquía y los tintos de las Sierras de Málaga; el aguacate y el mango subtropicales del este de la provincia; los mercados de abastos de Málaga, Fuengirola o Estepona, que funcionan cada vez más como espacios de tapeo.

En zonas donde abundan las villas y las viviendas vacacionales han crecido además otras formas de comer bien sin salir de casa, desde chefs privados hasta servicios de catering Sotogrande para una celebración familiar o una cena de grupo. Es una tendencia que ha ido en paralelo al auge del alquiler vacacional en el extremo occidental.

Con niños, y sin madrugar

La Costa del Sol funciona especialmente bien en familia porque casi todo está a mano y las distancias son cortas.

Las playas de Benalmádena, Fuengirola o La Cala de Mijas tienen poca pendiente y paseo marítimo continuo. Las Cuevas de Nerja se recorren en poco más de una hora. Los jardines de Sohail, el puerto deportivo de Estepona con su parque infantil junto al mar o la senda litoral que conecta municipios en bicicleta permiten llenar una mañana sin coche. Y el Caminito del Rey admite menores a partir de ocho años, con casco incluido.

Fuera de temporada, otro destino

Puede que el mejor consejo sea también el más sencillo: venir en primavera o en otoño.

De marzo a junio y de septiembre a noviembre las temperaturas permiten caminar, jugar, pedalear y visitar pueblos sin el calor de agosto ni la saturación de las carreteras costeras. Los precios de alojamiento bajan, las mesas se reservan con menos antelación y sitios como Frigiliana o Mijas se pueden recorrer sin colas. Incluso en invierno hay días de manga corta en la playa y campos de golf a pleno rendimiento.

Una ruta de este a oeste, sin prisas

Para quien disponga de cuatro o cinco días, una fórmula sencilla: empezar en Nerja (cuevas, calas de Maro y Frigiliana), bajar a Málaga capital para un día de museos, centro histórico y mercado, seguir hacia Marbella y su casco antiguo, parar en Estepona —paseos de flores, murales urbanos y Sierra Bermeja al fondo— y terminar en Sotogrande, ya en la provincia de Cádiz, con su puerto y sus campos de golf.

Son unos 150 kilómetros que se pueden hacer en dos horas seguidas o estirar durante una semana. La segunda opción, casi siempre, sale mejor.

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