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El secreto de un buen conejo al ajillo (intentando competir con una leyenda de Talavera)
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Si eres de Talavera o has pasado alguna vez por el entorno de nuestro imponente Puente Romano, sabes perfectamente que hay paradas obligatorias. Y si hablamos de comer bien, con sabor a tradición y autenticidad, es imposible no pensar en Mari y el platazo de conejo que se marca en el Kiosco Puente Romano.

Seamos honestos desde el primer párrafo: como el conejo que hace Mari, no te va a quedar. Ella tiene esa mano especial, el punto exacto del dorado y ese «no sé qué» que solo dan los años de mimo frente a los fogones y el cariño a los clientes. Pero oye, ¡el no ya lo tenemos! Así que hoy vamos a intentar estar a la altura con una receta casera muy fácil que, si bien no le va a quitar la corona a la reina del puente, te va a dejar el listón bien alto y a los invitados relamiéndose.

Prepara pan de sobra, porque la salsa lo va a pedir a gritos.

El secreto de un buen conejo al ajillo

Los ingredientes que vamos a necesitar:

  • 1 conejo troceado
  • 1 cabeza de ajos (unos 10 dientes)
  • 200 ml de vino blanco
  • 200 ml de caldo de pollo
  • Un chorrito de vinagre (el toque secreto de la abuela)
  • Hierbas aromáticas al gusto (tomillo, romero, laurel…)
  • Aceite de oliva y sal

Paso a paso: ¿Cómo lo preparamos?

  1. El mimo a los ajos: En una sartén con una buena cantidad de aceite de oliva, vamos a pochar los dientes de ajo. El truco aquí es hacer la mitad pelados y bien picaditos, y la otra mitad enteros, dándoles solo un golpe seco (chascados) y dejando la piel. Cuando estén dorados, los retiramos y reservamos ese aceite que ya va cogiendo toda la sustancia.
  2. El sellado de la carne: Sazonamos los trozos de conejo y los pasamos ligeramente por harina, sacudiendo bien para quitar el exceso. En la misma sartén y con el fuego fuerte, doramos la carne. Es fundamental conseguir ese color dorado precioso para conseguir que retenga todos sus jugos.
  3. El toque de alegría: Con la carne bien sellada, añadimos el vino blanco a la sartén y lo dejamos al fuego un par de minutos para que se evapore bien todo el alcohol.
  4. El chup-chup: Añadimos el caldo de pollo y recuperamos los ajos que habíamos dorado al principio. Es el momento de tirar de huerto y añadir un poco de romero, tomillo o laurel. Bajamos el fuego y dejamos que cocine despacio durante unos 15 minutos, hasta que veas que el conejo está tierno y el caldo casi ha desaparecido, transformándose en una salsa para mojar y no parar.
  5. El remate final: Justo antes de apartarlo, le añadimos un buen chorrito de vinagre por encima. Este punto va al gusto del consumidor, pero le da un contraste y una fuerza al plato espectacular.

Al final, cocinar es compartir y disfrutar de lo nuestro. Esta receta te va a salvar más de una comida familiar o con amigos pero, las cosas como son, la próxima ración nos la seguimos pidiendo en el Kiosco Puente Romano mirando al Tajo.

¡A los fogones y buen provecho!

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