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Dos pueblos de Castilla-La Mancha compiten por vivir la Navidad de oro de Ferrero Rocher
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Alcaraz, en Albacete, y Almagro, en Ciudad Real, son los dos municipios castellano-manchegos por los que se puede votar para disfrutar de la Navidad de oro de Ferrero Rocher. Dos localidades con siglos de historia, un extraordinario patrimonio y una identidad que las convierte en auténticas joyas de nuestra región.

Castilla-La Mancha vuelve a mirar hacia sus pueblos, esos lugares donde las piedras conservan la memoria de los siglos y las plazas siguen siendo el corazón de la vida cotidiana. Esta vez, el motivo tiene un brillo especial: la posibilidad de vivir la Navidad de oro de Ferrero Rocher.

Alcaraz y Almagro son los dos municipios de Castilla-La Mancha que aspiran a disfrutar de esta experiencia navideña. Dos localidades que, aunque pertenecen a provincias diferentes, comparten algo fundamental: un pasado histórico excepcional y un patrimonio que merece ser descubierto.

Almagro, una ciudad donde la historia y el teatro caminan juntos

Hablar de Almagro es hablar de historia, cultura y teatro. Esta localidad de Ciudad Real conserva una identidad profundamente vinculada a su pasado, especialmente a la Orden de Calatrava, que desempeñó un papel decisivo en su desarrollo.

Dos pueblos de Castilla-La Mancha compiten por vivir la Navidad de oro de Ferrero Rocher
Foto Vía almagro.es | Dos pueblos de Castilla-La Mancha compiten por vivir la Navidad de oro de Ferrero Rocher

Aunque sus orígenes más remotos no están completamente documentados, existen indicios de posibles asentamientos durante la Edad del Bronce en el entorno de las Casas Maestrales y otros lugares próximos al núcleo urbano.

También se ha planteado la posibilidad de que estuviera habitada durante la época romana, mientras que de la presencia visigoda se conservan algunas pequeñas columnas decoradas con motivos geométricos.

Sin embargo, sería durante el siglo XIII cuando Almagro comenzaría a adquirir verdadera relevancia histórica.

La Orden de Calatrava y el nacimiento de una villa importante

La elección de Almagro como residencia de los maestres de la Orden de Calatrava y centro de gobierno de sus posesiones marcaría el futuro de la localidad.

Según la tradición, en 1213 el maestre Gonzalo Yáñez concedió un fuero a la villa, posteriormente confirmado por Fernando III en 1222.

Su importancia quedó reflejada en acontecimientos como la convocatoria de Cortes por Alfonso X en 1273.

Durante el siglo XIV, Almagro ya era una población amurallada, con edificios públicos, espacios comerciales, instituciones religiosas y un castillo integrado en el conjunto de las Casas Maestrales.

La villa continuó creciendo y obtuvo dos ferias en 1374, concedidas por Enrique II.

De capital de La Mancha a referente internacional del teatro

Durante el siglo XVIII, Almagro llegó a convertirse en capital de la provincia de La Mancha entre 1750 y 1761, impulsada por la influencia del primer conde de Valdeparaíso, Juan Francisco Ruiz de Gaona y Portocarrero.

Tras perder la capitalidad, recibió el título de ciudad.

El siglo XIX estuvo marcado por las dificultades derivadas de la invasión francesa, las guerras carlistas y la desamortización. Aun así, Almagro avanzó hacia la modernidad con la llegada del ferrocarril, el telégrafo, el teatro y la electricidad.

Ya en el siglo XX, la recuperación de su patrimonio abrió una nueva etapa.

El Corral de Comedias fue redescubierto en 1953, restaurado en 1954 y declarado Monumento Nacional en 1955.

En 1972, Almagro recibió la declaración de Conjunto Histórico-Artístico.

Hoy, gracias a su Festival Internacional de Teatro Clásico, la localidad se ha consolidado como un referente cultural de alcance nacional e internacional.

Un escenario histórico que ahora podría sumar un nuevo capítulo con la Navidad de oro de Ferrero Rocher.

Alcaraz, la joya histórica de Albacete que también aspira a una Navidad dorada

En la provincia de Albacete encontramos la otra candidata castellano-manchega: Alcaraz, una localidad cuyo pasado está ligado a las grandes civilizaciones que atravesaron la península ibérica.

Foto Vía turismocastillalamancha.es

Conocida como «La Muy Noble y Leal ciudad de Alcaraz», esta población ocupa un lugar destacado en la historia de Castilla-La Mancha.

Su territorio conserva testimonios de presencia humana desde el Neolítico, con asentamientos y manifestaciones de arte rupestre que permiten conocer las formas de vida de sus primeros habitantes.

En lugares como Los Batanes se han localizado representaciones esquemáticas, figuras humanas y símbolos que reflejan las creencias de aquellas comunidades.

De los íberos a la presencia musulmana

Durante la época ibérica, el territorio adquirió importancia por su situación estratégica, especialmente por el control de los pasos naturales entre la Meseta y el Levante.

De aquel periodo quedan restos de antiguos asentamientos, estructuras defensivas, cerámicas y otros materiales arqueológicos.

La huella romana también está presente, aunque los vestigios conservados son más escasos.

Posteriormente, la presencia visigoda dejó diferentes testimonios materiales antes de que la llegada de los musulmanes transformara definitivamente la configuración del municipio.

Fue precisamente durante la dominación musulmana cuando Alcaraz adquirió buena parte de los elementos que marcarían su identidad.

Su nombre se relaciona con las denominaciones árabes Al-Karaz o Al-Karas, interpretadas como «el cerezo» o «lo consagrado».

Entre los siglos X y XI se configuró el núcleo de la ciudad, mientras que sus fortificaciones se ampliaron posteriormente.

De aquella etapa proceden los restos de su castillo y construcciones defensivas como la Torre de Gorgojí.

También se desarrolló una tradición artesanal que alcanzaría un notable prestigio: las alfombras de Alcaraz, elaboradas con la técnica del nudo español.

La conquista de Alfonso VIII y el auge medieval

Uno de los acontecimientos fundamentales de la historia de Alcaraz ocurrió el 23 de mayo de 1213, cuando Alfonso VIII conquistó la ciudad tras un prolongado asedio.

La toma de la fortaleza abrió una nueva etapa política y social.

El monarca concedió a Alcaraz un fuero inspirado en el de Cuenca, con disposiciones destinadas a favorecer la repoblación y organización del territorio.

Su posición entre la sierra y La Mancha, próxima a los antiguos territorios fronterizos, convirtió a la localidad en un enclave de gran valor estratégico.

En 1429, Juan II le concedió el título de ciudad.

Décadas después, Alcaraz protagonizó otro episodio decisivo al posicionarse a favor de los Reyes Católicos frente al marqués de Villena.

En 1475, la población se levantó contra el poder del marqués y recibió el reconocimiento de los monarcas, que le concedieron el título de Noble y Leal.

Dos pueblos, siglos de historia y una misma ilusión navideña

Almagro y Alcaraz representan dos formas diferentes de entender el patrimonio de Castilla-La Mancha.

La primera ha convertido su legado teatral y arquitectónico en una de sus grandes señas de identidad. La segunda conserva el recuerdo de su pasado medieval, su tradición artesanal y su esplendor renacentista.

Ambas localidades comparten ese atractivo especial de los pueblos que han sabido mantener viva su historia.

Ahora, la posibilidad de disfrutar de la Navidad de oro de Ferrero Rocher añade un nuevo motivo para volver la mirada hacia ellas.

Porque, más allá de la iluminación navideña, estas dos poblaciones ya poseen un brillo propio: el de un patrimonio que ha sobrevivido al paso del tiempo.

Y tú, ¿por cuál de estos dos pueblos de Castilla-La Mancha votarías para vivir una Navidad de oro: Alcaraz o Almagro?

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