En los últimos años, el ayuno intermitente se ha colado en nuestras vidas casi sin darnos cuenta. Lo vemos en redes sociales, lo recomiendan famosos y se comenta en gimnasios y cafeterías. Se presenta como una fórmula sencilla para perder peso, ganar energía y mejorar la salud. Pero, ¿realmente funciona para todo el mundo o estamos ante otra moda más?

A diferencia de las dietas tradicionales, el ayuno intermitente no dice qué alimentos comer, sino en qué momento hacerlo. Consiste en alternar periodos de comida con periodos de ayuno. Los métodos más conocidos son el 16:8, en el que se come durante 8 horas y se ayuna las 16 restantes, y el 5:2, que propone comer muy poco dos días a la semana y de forma habitual el resto. Esta flexibilidad es una de las razones de su popularidad.
Cuando pasamos varias horas sin comer, el cuerpo empieza a utilizar la grasa como fuente de energía. Este proceso puede ayudar a regular el azúcar en sangre y a mejorar la respuesta del organismo a la insulina. Además, durante el ayuno se activa la llamada autofagia, un mecanismo natural mediante el cual las células se “limpian” y se renuevan. Algunas investigaciones han observado que el ayuno intermitente puede favorecer la pérdida de peso y mejorar ciertos parámetros como el colesterol o los triglicéridos, especialmente en personas con sobrepeso o alteraciones metabólicas.
Sin embargo, no todo son ventajas. En cuanto a la pérdida de peso, los resultados del ayuno intermitente suelen ser similares a los de otras dietas bajas en calorías. Es decir, no es una solución mágica, sino una forma distinta de organizar las comidas que, en algunos casos, facilita comer menos sin contar calorías.
Además, no todas las personas se sienten bien ayunando. Al inicio pueden aparecer hambre intensa, cansancio, mareos o dificultad para concentrarse. Si durante el periodo de comida no se eligen alimentos nutritivos, es fácil quedarse corto de proteínas, vitaminas y minerales. En algunos casos, también puede favorecer una relación poco saludable con la comida.
Por este motivo, el ayuno intermitente no es recomendable para todo el mundo. Personas con trastornos de la conducta alimentaria, adolescentes, mujeres embarazadas o en lactancia, así como quienes padecen ciertas enfermedades, deberían evitarlo o hacerlo únicamente bajo supervisión profesional.
En conclusión, el ayuno intermitente no es ni un milagro ni un peligro por sí mismo. Puede ser una herramienta útil para algunas personas, pero no una recomendación general. Desde la dietética, lo más importante sigue siendo mantener una alimentación equilibrada, variada y adaptada a cada persona. Más allá de seguir modas, la clave para una buena salud está en crear hábitos sostenibles, escuchar al cuerpo y buscar siempre el asesoramiento adecuado.
ARTÍCULO POR: Alberto Alcázar, licenciado en fisioterapia y alumnos de primer curso del ciclo superior de dietética – Kapital Inteligente.


