Sobre decencia y coherencia

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Políticos hay muchos, “como en botica”. Y es precisamente esa diversidad lo que hace imprescindible -amén de justo para los que estamos implicados- el análisis minucioso y objetivo de los fines y los medios. Porque la política ha de ejercerse como una herramienta, sí y sólo para, conseguir el bien común de la ciudadanía, anteponiendo éste a los propios intereses personales.
El problema llega cuando la política se convierte en un fin en sí misma. En la meta y no en el camino. Es entonces cuando yo, personalmente, cojo el testigo de aquella ciudadanía que se abraza a la desafección para definir comportamientos, actitudes y “envenenadas” bondades de aquellos que se erigen en representantes del común, simple y llanamente para disfrutar de otros privilegios.
A la política uno ya ha de llegar con los deberes hechos y las necesidades cubiertas. No sea que se vaya a confundir el “bien común” con “lo que es común es buscar mi bien”. Hay una clara diferencia.

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