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Cuidarse no es un lujo, es una necesidad: las claves para vivir con mayor equilibrio
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Hay veces que llevamos semanas durmiendo mal, hemos dejado de hacer cosas que antes nos gustaban o llegamos al final del día sin energía para nada. Y, cuando alguien nos pregunta cómo estamos, respondemos lo mismo: “Bien, tirando, muy liada”.

Seguimos trabajando, atendiendo a nuestra familia, cumpliendo compromisos y resolviendo problemas. Desde fuera, parece que todo va bien. Por dentro, quizá llevamos demasiado tiempo tirando de una energía que empieza a agotarse.

Cuidarse no es un lujo, es una necesidad: las claves para vivir con mayor equilibrio

Muchas veces no nos planteamos cuidar nuestro bienestar hasta que estamos agotados, el estrés o la ansiedad empiezan a interferir en nuestra vida o sentimos que ya no podemos más.

¿Por qué esperamos tanto para atender algo tan importante?

No hace falta llegar al límite para empezar.

Cuando hablamos del cuerpo, estamos acostumbrados a actuar cuando aparece un problema. Si nos duele algo, pedimos cita con el médico. Si una lesión nos impide andar, buscamos tratamiento. Pero, cuando hablamos de nuestro bienestar emocional, a veces esperamos a encontrarnos realmente mal antes de actuar.

A veces pensamos que tenemos que poder con todo. O nos decimos que no es para tanto, que hay personas con problemas más graves o que ya descansaremos cuando tengamos menos cosas que hacer. Nos acostumbramos tanto a ir corriendo, apagando fuegos y viviendo con estrés que dejamos de preguntarnos cómo estamos. Y acabamos pensando que vivir así es normal.

Pero ¿y si no esperáramos a desbordarnos para empezar a construir bienestar?

La Psicología Positiva nos invita a cambiar esa mirada: no centrarnos únicamente en lo que nos hace sufrir, sino prestar atención también a los recursos y las condiciones que nos ayudan a vivir mejor.

Esto no significa ignorar los problemas ni pensar que podemos evitar todas las dificultades. Significa entender que el bienestar es algo más que no encontrarnos mal. También tiene que ver con nuestras relaciones, con disfrutar de las pequeñas cosas, con reconocer nuestras fortalezas y con encontrar sentido en lo que hacemos.

¿Qué puede ayudarnos a cuidar nuestro bienestar?

No existe una fórmula mágica que garantice que nunca tendremos dificultades. Influyen nuestras circunstancias personales, las experiencias que vivimos y las condiciones en las que trabajamos y nos relacionamos.

Martin Seligman, uno de los principales impulsores de la Psicología Positiva, propuso un modelo que entiende el bienestar a través de cinco elementos:

  • Las emociones positivas
  • La implicación en lo que hacemos
  • Las relaciones
  • Implicarnos en lo que hacemos
  • Encontrar sentido y reconocer nuestros logros

No se trata de sentirnos bien a todas horas, sino de comprender que el bienestar se construye a partir de distintas experiencias y recursos.

Los espacios para disfrutar.

También necesitamos momentos en los que no estemos resolviendo problemas o pensando en la siguiente tarea. Salir a andar, bailar, leer, contemplar un atardecer o disfrutar de una buena comida, son actividades que pueden ayudarnos a desconectar y recuperar energía. No eliminan las preocupaciones, pero nos permiten que no ocupen todo el espacio.

Las fortalezas personales que utilizamos cada día.

Quizá tienes paciencia para afrontar situaciones complicadas, perseverancia para terminar lo que empiezas, curiosidad para seguir aprendiendo o capacidad para escuchar a los demás. Reconocer estas fortalezas no consiste en presumir, sino en identificar los recursos que ya tenemos y aprender a utilizarlos de manera consciente.

Las relaciones en las que podemos ser nosotros mismos.

Tener a alguien con quien hablar, compartir una preocupación o pedir ayuda cuando las cosas se complican es importante. No necesitamos una red social enorme. Basta con saber que podemos llamar a una persona de confianza y preguntarle: ¿Tienes cinco minutos?.

Descansar y aprender a poner límites.

Para cuidar nuestro bienestar necesitamos recuperar energía, pero también revisar qué nos la está quitando. Si vivimos permanentemente pendientes de las necesidades de los demás, asumimos más tareas de las que podemos atender o no encontramos un momento para desconectar, quizá no necesitemos organizarnos mejor, sino aprender a repartir responsabilidades y poner algunos límites. Vivir sin espacio para nosotras mismas es como ir conduciendo y no tener tiempo para repostar. Podemos seguir avanzando durante un tiempo, pero tarde o temprano necesitamos parar y recuperar energía.

Y hay algo más que conviene recordar: el bienestar no depende únicamente de nosotros. Las condiciones en las que vivimos y trabajamos también importan. Si alguien soporta una carga excesiva o trabaja en un entorno de tensión constante, no basta con recomendar que gestione mejor el estrés. Las organizaciones también pueden contribuir creando entornos saludables, con apoyo, recursos y condiciones que permitan trabajar de forma adecuada.

Entonces, ¿por dónde podemos empezar?

Esta semana, en lugar de esperar a tener un rato libre para cuidarte, reserva cinco minutos para hacerte tres preguntas:

  • ¿Qué me está ayudando a encontrarme bien últimamente?
  • ¿Qué estoy descuidando y me gustaría recuperar?
  • ¿Qué pequeño cambio puedo introducir esta semana para cuidarme mejor?

Elige una pequeña acción y busca un momento concreto para llevarla a cabo. Puede ser recuperar un paseo, pedir ayuda con una tarea, quedar con alguien o reservar un rato para descansar sin sentir que deberías estar haciendo otra cosa.

Es posible que esta semana no puedas resolver todo lo que te preocupa. Seguirás teniendo responsabilidades, dificultades y días complicados. Pero sí puedes empezar por observar cómo estás, recuperar una actividad que te hace bien o reconocer qué necesitas.

No necesitas sentirte mal para merecer ese tiempo.

Eva Chimeno.

Psicología para el día a día.

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