Tempus fugit…

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tempus fugitTempus Fugit. O lo que es lo mismo, el tiempo vuela. Para no caer en la tan manida depresión posvacacional no nos queda otra que olvidar que queda casi un año para volver a guardar el reloj en el cajón de la mesita de noche y ponernos de nuevo el bañador. El que más y el que menos fantasea con poder viajar en el tiempo y conocer esa época que siempre ha deseado visitar. Ya sé que la moraleja (como en la película Midnight in Paris) es que no hay mejor tiempo que el presente, pero, aún así, somos muchos los fanáticos de los viajes en el tiempo. Si pudiéramos hacerlos, ¿a qué época viajaríamos?
Los norteamericanos, tan aficionados a confeccionar listas, han realizado una investigación sobre los destinos históricos favoritos de sus compatriotas. La encabezan, como es fácil de imaginar, Palestina en el siglo I. Todos, cristianos o no, quieren saber qué pasó o dejó de pasar en Jerusalén en los días de Jesús de Nazaret.
Con la elección de los siguientes lugares de la lista los americanos dejan patente su poco afán histórico ya que en lugar de viajar a los días del descubrimiento de su continente, prefieren trasladarse al día del asesinato de Kennedy.
Si me pusieran a los mandos de esta nave del tiempo, como casi todo el mundo cuando es niño me gustaría regresar a la época del El Cid para reconquistar Valencia, o viajar hasta el lejano Oste para formar parte de la banda de Wyatt Earp en OK Corral. Pero uno se hace mayor y ahora me gustaría viajar a aquella España de Manolete. Si tuviera que elegir ahora, probablemente me transportaría a la primera mitad del siglo XX, reencarnándome en el diestro de Córdoba. Dueño de una inmensa fortuna, viajando al paraíso mexicano, corriéndome mis juergas, enamorándome de mi Lupe, muriéndome el Linares y viviendo para la eternidad como una leyenda. Otra posibilidad atractiva sería convertirme en Luis Miguel Dominguín y tener, como los marineros, una novia en cada puerto, ser el número uno, hacer travesuras con Abba Garner e inaugurar mi propia dinastía.
Definitivamente si un día consigo tripular la máquina del tiempo marcaré en el GPS la fecha de estos toreros. Lo que tengo claro es que nunca iría al futuro. Dice Stephen Hawking que la prueba de que estos viajes no son posibles es que no recibimos turistas de otras épocas más avanzadas (que sepamos). No me gustaría llegar de pronto a una España abolicionista, en la que prima lo moderno y políticamente correcto, el ecologismo de despacho madrileño, lo antiespañol y la vergüenza de lo que se es y se ha sido. Es decir, una España en la que la humanidad en vez de progresar, vaya para atrás, como la nave del tiempo.

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