Costumbres españolas

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Alcalde vecinosQue las obras causan molestias es tan obvio como que para hacer una tortilla hay que romper algunos huevos. Lo que pasa es que cuando nos comemos la tortilla, cuando llegamos a casa con hambre no nos acordamos de las pobres gallinas ni de los cascarones de sus huevos.

Algo tan español como la tortilla es criticar y poner pegas a cualquier cosa que suponga un desafío, una novedad, una apuesta por mejorar. No me digan ustedes si el motivo viene implícito en la ‘siqué’ patria, en la génesis ibérica o en la manera de ser de los mediterráneos, pero lo cierto es que cada vez que se mueve un ladrillo en Talavera las críticas empiezan a llover como el agua en las ferias de mayo.

No me preocupa mucho esta cuestión de la crítica fácil, del “critica que algo queda” pues no son nuestros dirigentes los únicos, ni los primeros, que las han sufrido. Dicen que en España hay un seleccionador nacional de futbol por cada habitante de nuestra querida nación y un arquitecto por cada vecino censado en cualquiera de nuestros municipios.

Lo que sí que me llama poderosamente la atención es el momento en el que se producen estas críticas. Después de un proceso consultivo, que creo, no ha tenido precedentes en la historia de nuestra ciudad, después de un periodo de exposición pública, después de reuniones generales y otras sectoriales, con grupos políticos, con asociaciones de vecinos, con comerciantes, con particulares, es ahora cuando se producen las críticas a las obras del Plan Urban, las propuestas de mejora para sus actuaciones, las alternativas a los proyectos, las recogidas de firmas…

Hago una firme defensa de la participación ciudadana, del parlamento democrático y participativo, del protagonismo de la sociedad civil en la que creo fervientemente, y también hago un alegato a favor de la responsabilidad que tenemos todos para construir y no para destruir, para avanzar y no para retroceder, para caminar juntos y no para anquilosarnos.

Hay veces en las que realmente me cuestiono los objetivos de este tipo de actitudes fuera de tiempo. Es como si un equipo de fútbol se hubiera olvidado de la pelota durante 90 minutos y fuera en el tiempo añadido cuando sus jugadores se pusieran a correr como locos para marcar gol, señalando en los últimos segundos al árbitro como causante único de que no les haya dado tiempo a lograr la victoria.

Necesitamos una tortilla que dé de comer a todos, que sea bonita y que además esté rica. Aunque en el proceso tengamos que romper inevitablemente algunos huevos. Será la única forma de evitar ir a los penaltis.

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