Entierro con Plañideras

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ENTIERRO CON PLAÑIDERAS


Había oído hablar de estos entierros, propios de épocas pasadas, pero nunca los había presenciado. Al parecer, tenían lugar cuando morían personas ricas e importantes. Se contrataba a mujeres para que acompañaran con sus llantos al cortejo fúnebre. Lo hacían, por supuesto, por dinero o por alimentos. Así fue uno de los primeros entierros que hice en la parroquia de San Andrés. Después presencié otro en un pueblo de la Extremadura profunda, en las Hurdes.

En mi caso se trataba del entierro de una persona muy conocida y pudiente. Participaron prácticamente todos los sacerdotes de la ciudad y los sacristanes de las tres parroquias con sus correspondientes monaguillos. Encabezando el séquito la cruz alzada, además de los familiares, seguían al féretro unas veinte mujeres, dispuestas en dos filas, que, con trajes negros y rosario en la mano, aparentaban su dolor por la persona difunta, a la que posiblemente algunas no podían ni ver. Y esto lo hacían por una mísera cantidad de dinero o algunas viandas, con lo que tapaban algo sus necesidades materiales. Obviamente, a esta parafernalia sólo tenían acceso las familias ricas. Como siempre, en medio el dichoso dinero, inficionando y manchando hasta los mismos actos religiosos.

Por fortuna, no asistí a ningún otro entierro de esta clase. El Concilio Vaticano II contribuyó a que todas estas cosas, tan impropias y tan contrarias a la fe cristiana, desaparecieran.

Por D. Aurelio de León.

 

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