Estío

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ESTÍO


Hacía años que, principiando julio, no observaba los neveros del sur de Gredos. Allí ariba, atalayados sobre las gargantas Blanca y Lóbrega, más allá de donde el agua helada de las cumbres se hace subterránea y es sólo flujo bajo el granito, la nieve aguanta como aquellos veranos antiguos pero no perfectos. Porque para mí el verano es Gredos. Olor a helecho en las majadas junto a las gargantas, a cabras pasando junto a las charcas esmeraldas. Mirlos acuáticos criando bajo las chorreras. Días de sol, agua, granito y silencio muy arriba, con el valle plomizo abajo mientras los verdes nítidos y vivos de los robles te muestran la realidad.

Estío de valle y murmullo de agua de gargantas escondidas, lejos de carreteras y las pistas. Líbélulas azules y saltamontes de alas de oro y púrpura. Agua helada, transparente y suave. Piedra pulida, ardiendo al sol de mediodía. El estío, julio es Gredos, frontera azul punteada de blanco. La verdad sigue allí guardada.

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