YAK 42

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Federico Trillo, por entonces ministro de Defensa, durante su visita al lugar del fatídico accidente en Mayo de 2003.

Lo del Yak 42 es una de esas vergüenzas patrias que sonrojan al más patriota de los patriotas. Cuando parecía que el tema estaba zanjado, vuelve a sobrevolar sobre el imaginario colectivo (porque las familias no abandonaron nunca ni su lucha ni su dolor) aquella aberración política, que nos señalaba como un país subdesarrollado, cutre y chapucero. Desde luego es cuestionable si un ministro debe o no estar al corriente del material con el que cuentan las Fuerzas Armadas. Lo que no ofrece ninguna duda existencial es el hecho de que se trajeran los cuerpos con la mayor celeridad posible y se creara el esperpento de entregar cuerpos a diestro y siniestro como si fueran boletos de una rifa. Esa orden fue política, exclusivamente política, y responsabilidad del entonces ministro de Defensa, Federico Trillo. Ningún oficial militar podría tomarse la libertad de dar esa orden, como intentaron colar en el juicio. Pero, claro, los que tenemos una edad recordamos al teniente coronel Oliver North comiéndose -él solito- toda la responsabilidad del Irangate. O cuando nos intentaron decir que los GAL los habían creado Amedo, Domínguez, y unos cuantos policías corruptos ávidos de sangre. Hay que ser muy gilipollas para creer que un teniente coronel estadounidense planea, orquesta, y lleva a cabo, toda una red de intercambio de rehenes por armas, o que un grupo terrorista estatal lo montan dos policías por su cuenta y riesgo, o que lo del Yak 42 es cosa del cabo Ramírez. Eso, hay que ser muy gilipollas.

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