Ser del Atleti

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Fotog.: elgoldigital.com
Fotog.: elgoldigital.com

Hay que jugar, y apretar los dientes hasta el último minuto. Hay que bendecir el sacramento de lo imposible, de lo impensable, de lo indecible. Cantar un himno a coro y estremecer las vigas, solucionar una tarde de plácido domingo, insistir, buscar la hazaña, tener identidad, mantener a rayas los colores, el horizonte de una incertidumbre, el desasosiego de la búsqueda, la brusquedad de la lucha, equivocarse y volver a equivocarse pero sin estar confundido, crear la necesidad del mito, saber que siempre hay una razón para volver a enamorarse, hay que hermanarse y creer, descifrar el destino, tensionar el espíritu, hacer que el corazón bombee, apostar a la vida y sacudirse el polvo del pasado, columpiarse en el riesgo, competir, mentirse, mentirse mucho, desvivirse en la ilusión como único destino, sentirse vivo y tocado, sentirse hundido, odiar, llorar, sufrir, convalecer, buscar la excusa necesaria, señalar la injusticia allá donde se halle, fastidiar, incordiar, rasgarse las vestiduras, romperse la camisa, reinventarse, emocionarse, compartir un deseo, celebrar mucho antes del final, condecorar al derrotado. Hay que llegar de pie, meter el pie, salir de pie, vivir de pie, y llegar a entender que ganar no es proclamarse campeón. Hay que ser del Atleti y huir del mundo de los cuerdos.

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