Porco debate

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Fotg. 20 Minutos
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El formato no funciona, aburre. La expectación era verlos juntos y solos, por primera vez. Lo que iban a decir ya lo sabíamos. Pareció un mitin a cuatro, más que un debate. Uno lanza una crítica, cuando esta le llega al oponente han pasado dos turnos, y aparte de tener tiempo suficiente para recomponerse, la crítica se ha diluido en las nuevas cuestiones planteadas por los otros dos candidatos. Ellos, de antemano, saben los temas que se van a tratar, y el formato resulta demasiado cuadriculado, triste, ramplón. Se pierde la espontaneidad, la frescura, la incomodidad del tocado, el zasca. Plantearlo a dos, tal y como está repartido el pastel, sería injusto, y con más, un disparate. Lo conveniente sería que no se realizase, o que, pusieran a periodistas duros, con preguntas incómodas. Por lo que se refiere al debate: demasiada cortesía por parte de todos. Pablo Iglesias implorando, constantemente, el cariño del Pedro Sánchez, este recriminando al otro que no votara su investidura, el más que evidente pacto de no agresión entre Ciudadanos y el Psoe, y Rajoy, que allí estaba, con sus tics, cada día más pronunciados, en su hermosa mirada de adalid de la patria. Cada quien, conforme a su vinculación anterior, proclama a su campeón. Sin sobresaltos, sin insultos, sin salidas de tono, vamos, que si lo ponen un viernes a competir con el Deluxe, al debate le dan mucho por el…

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