Isabel Pantoja

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Pantoja y CaballéIsabel no se llama Monserrat, ni nació en Barcelona, ni estudió en el Liceo con Napoleone Annovazini, ni es soprano, ni el 14 de agosto de 1964 contrajo matrimonio con el tenor Bernabé Martíni, ni en 1998 se le concedió el galardón Logros de una Vida en los Cannes Classical Awards. Pero en algo se parecen Monserrat Caballé e Isabel Pantoja: han tenido dos hijos y han defraudado a Hacienda. Por alguna razón extraña nos ha dolido más las trampas de una que los chanchullos de la otra. ¿Qué es exactamente lo que pretende un nutrido grupo de periodistas y pseudo-periodistas de este país? ¿Que la Pantoja se aparte, se retire, se quite la vida? ¿Qué es exactamente lo que no se la perdona?, ¿por qué molesta?, ¿por qué ese juicio sumarísimo, atronador, diario? Han hecho de ella y de su estirpe, una piñata, un conjunto de parias a los que satirizar, a los que gratuitamente se les puede vejar en público, perseguir, acosar, humillar hasta la vergüenza extrema, depositarios de nuestras frustraciones, de nuestra falta de esperanza, en la creencia  de que somos mejores que ellos. Quizás, todos estos jueces sin toga, asomaos al púlpito de la impunidad, juzgando aquello de lo que ellos mismos, muy posiblemente, no saldrían indemnes, hubiesen quedado complacidos si, el día que enterraron a Paquirri, ella hubiese compartido ataúd con el torero, como se hacía en Egipto en época de faraones.

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