Ilegales

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ilegalesUn ilegal. Eres un ilegal. A partir de esa definición estás acabado, perseguido, criminalizado, estigmatizado. ¿Dónde está el límite, la delgada línea que hace que un individuo esté residiendo en un país y sea ilegal o sea legal? Te dan un trozo de plástico o de cartón, que llevas en un bolsillo del pantalón, y tu condición vital, tus derechos como ciudadano, cambian milagrosamente. Es curioso que nos escandalice que Trump haya prometido durante la campaña electoral estadounidense que expulsaría a los trece millones de “inmigrantes ilegales” que hay en el país norteamericano, y sin embargo no nos escandalice, de igual manera, el término “ilegal”. Ya nos ha llegado el mensaje en su totalidad, el término exagerado de 13 millones rebaja su dimensión al ser acompañado del calificativo ilegal. Surge entonces la duda, la disputa moral. Bueno, si son ilegales, a lo mejor no es tan malo que sean expulsados. Escuchas a inmigrantes, que en otrora fueran “ilegales”, estar de acuerdo con la medida. Claro, ellos ya están en el casino recibiendo las cartas, su estatus ha cambiado, porque alguien ha definido su condición en virtud de señalar al otro. La Biblioteca del Congreso de los EEUU decidió, este mismo año, a propuesta de la Dartmouth Cooalition for Immigration Reform Equality and Dreamers (CoFIRE), de la Universidad de Dartmouth en New Hampshire, cambiar el apelativo por “indocumentado” debido a las connotaciones despectivas del término. Sin embargo parece ser que aquí aún no nos ha llegado el mandato y nos gusta acompañar las noticias con palabras, lo suficientemente tendenciosas, como para simplificar cualquier información y tener una idea “clara” al respecto.

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