El club de los demócratas

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García-Trevijano auguró, durante la transición, que siempre existiría el terrorismo o el miedo al terrorismo, que su amenaza perviviría en nuestra sociedad como un mal endémico. Dudé al escuchar semejante dictado. Pensé, algún día acabaremos con ETA. Pero al final, y evidenciando la realidad, hay que estar de acuerdo con sus palabras: la Democracia necesita enemigos que la ataquen para sentirse útil, y qué mejor agente que el terrorismo para esta causa. El Estado se sostiene en el miedo, en la necesidad de que alguien o algo nos garanticen nuestra propiedad privada, lo decía Hobbes, y esas palabras, cuando el Estado  presenta nuevos retos a los que hace frente de una manera precaria, resuenan con mayor vigor. Sin esa certeza, la Anarquía camparía a sus anchas, y se podrían discutir cosas que, hoy al entonarlas, causan un auténtico pavor. La NO existencia del Estado. Cada vez que se produce un atentado, el mismo carnaval, la misma línea abstracta sobre los cielos trazada. Los demócratas vs los terroristas. Es sencillamente esperpéntico que uno se defina por la acción del otro. Yo no soy bueno porque mi vecino sea malo, ni soy buen hijo porque fulanito mate a sus padres con una katana. El club de los demócratas se constituye, enarbola sus clichés, repite sus consignas. Resulta que uno NO pone bombas en un aeropuerto a las nueve de la mañana, y ya es demócrata. Saberlo le sube a uno la autoestima, le congratula con la humanidad. Al instante, el entorno de BILDU condena el atentado, a los pocos días la extrema derecha enseña sus armas por las calles de Bruselas. Es razonable, en la lógica que manejan, en el dictado que nos imponen, en el mundo maniqueista que nos dibujan. Ellos también están en club de los demócratas.

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