UNA CUESTIÓN DE ESTADO: LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD DEL PSOE.

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LV_20151105_LV_FOTOS_D_54438667538-992x558@LaVanguardia-WebNiego la mayor: el pacto, o los pactos que hayan de conformar un futuro gobierno en España, no tienen por qué pasar por el PP. Si algo ha demostrado el presidente Rajoy y su partido, es que negociar con ellos se hace una tarea casi imposible.
De todos los partidos que han obtenido representación, solo Ciudadanos se ha mostrado favorable a un pacto con los populares, cosa que se intuía antes de las elecciones y que sin duda le pasará factura.
El panorama es muy complicado pues se dan circunstancias irreconciliables. A saber: Por un lado está el PP, con el que nadie, a excepción de Ciudadanos, quiere negociar ni llegar a acuerdos de investidura y mucho menos de gobierno.
Tenemos también a Ciudadanos, que tras un final de campaña desastroso en el que su líder único se vino arriba y metió la pata considerablemente en asuntos como la ley contra la violencia de género o su disposición decidida para apoyar al partido mayoritario, es decir al PP, hizo que la bisoñez de su candidato dejara de ser un atractivo para convertirse en un inconveniente que hizo a muchos electores abandonar la ilusión que provocó en un principio.
Por su parte Podemos sigue con su Juego de Tronos particular y se dedica a dibujar líneas rojas que no persiguen otra cosa que unas nuevas elecciones y desgastar al PSOE para provocar aquel mítico sorpaso de Anguita y que los líderes de Podemos se empeñan en conseguir a cualquier precio.
Hace pocas semanas escribía aquí mismo, que a Podemos le interesa sobre todo un gobierno del PP y ellos como partido mayoritario en la oposición. Unas nuevas elecciones a buen seguro llevarían al PP a alcanzar la mayoría absoluta, recuperando gran parte del voto de Ciudadanos y de los abstencionistas que en estas elecciones han salido en gran parte de las filas de antiguos votantes del PP. Ante el clima de absoluta inestabilidad, no puede dudarse de que la derecha optará por la estabilidad que da una mayoría incuestionable del PP. Mientras, el desgaste bestial al que están sometiendo al PSOE, creen en Podemos que les dará los frutos suficientes como para convertirse en la primera fuerza de la izquierda y de la oposición. Su plan es alcanzar el gobierno en 4 años, y para eso son sus líneas rojas.
Y por último tenemos al PSOE. Un partido incapaz de salir de sus múltiples laberintos, pero que tiene en sus manos las claves fundamentales para salir exitoso de todo este lio.
Por un lado urge poner orden en el interior del partido. Hay demasiada gente hablando y muy pocos pensando. La incontinencia verbal de muchos barones y baronesas, les impulsa a salir una y otra vez a mostrar sus particulares líneas rojas, provocando un guirigay insoportable y que debe terminar de una vez. Que la presidenta andaluza o el presidente extremeño salgan sacando pecho y marcando el camino a seguir es de unan deslealtad insoportable. Y lo mismo ocurre con todos los que al calor del protagonismo de estos últimos han querido también mostrar sus poderíos. Mientras, el “líder” federal del partido permanece callado y no sabemos nada de él desde el día de las elecciones. Esto abunda en el sentimiento de que el PSOE no tiene ni rumbo ni timonel, y así es muy complicado contar con ellos para nada.
A pesar de todo, el PSOE tiene la clave de todo esto, aunque nadie parece percibirla. Si algo nos dice el resultado de las pasadas elecciones es que solo hay un partido capaz de llegar a acuerdos con el centro derecha, encarnado en ciudadanos, y con la izquierda pretendida por Podemos. Ese partido es el PSOE y además es el segundo más votado y con mayor número de escaños. Una vez que se constate la incapacidad absoluta del PP para llegar a acuerdos con nadie, a excepción de Ciudadanos, el PSOE no puede permanecer como invitado de piedra, impasible ante los que le van devorando poco a poco hasta el punto de poder convertirse en intrascendente.
Pedro Sánchez tiene una oportunidad de oro para erigirse en un verdadero líder, e incluso para convertirse en el próximo presidente del gobierno.
Todo pasa por plantear un pacto de gobierno entre los tres partidos: PSOE, Podemos y Ciudadanos. Es indudable que hay muchos aspectos que les diferencian, por ello hay que negociar, claro está. Pero si algo haría bien Sánchez es plantear el tema como una cuestión de Estado, en la que todos tendrán que renunciar en favor del interés supremo del Estado y de los españoles.
Ante la mesa de negociación, la intransigencia se convierte en un arma muy endeble que termina matando al que la blande. Si alguno de los partidos está dispuesto a imponer sus intereses partidistas sobre los intereses del país, es algo que deberá quedar en evidencia, con luz y taquígrafos y por ello ser juzgados por los ciudadanos.
El pacto ha de fundamentarse en unos mínimos que todos acepten sin problema: La reforma de la Constitución pasa por el título III para cambiar la ley electoral, el Titulo VIII para determinar la nueva relación del Estado con las autonomías, y seguro que en esto puede haber acuerdo. Al tiempo habría que plantear reformas en el título II sobre derechos sociales, lo que entra dentro del ámbito del artículo 168 de la constitución, y debería quedar para el final de la legislatura, sin olvidar el artículo 135 que habrá de ser revisado a fondo.
En materia laboral también hay diferencias entre los tres partidos, pero en ningún caso son insuperables. Los tipos de contratos, el salario mínimo, la negociación colectiva, etc. son aspectos fundamentales que pueden suponer un gran acuerdo muy importante para el país.
La educación es otro aspecto en el que hay que negociar y plantear un proyecto muy serio y ambicioso. Aspectos como la inversión en I+D+I, política de becas, incremento de la calidad de la enseñanza, formación del profesorado etc. Pueden suscitar un acuerdo muy amplio que vaya más allá de los tres partidos negociadores.
Y por último está claro que para empezar a negociar hay que eliminar apriorismos caprichosos e interesados y optar por una visión global de los problemas del país para adentrarnos en soluciones realistas. Poner como algo prioritario la celebración de un referéndum de autodeterminación en Cataluña o cualquier otro territorio solo persigue imposibilitar un acuerdo, igual que descartarlo sin más. Por lo tanto un tema tan controvertido convendría dejarlo aparcado de cara al acuerdo, aunque eso no significa ni mucho menos, que se deba renunciar a ninguna pretensión. Lo que está sobre la mesa no es la independencia de Cataluña, sino la persistencia de España y el bienestar de los españoles. Si esto no es suficiente para obligar a un acuerdo, seré yo el que empiece a gritar que NO ME REPRESENTAN.
El PSOE tiene la responsabilidad de intentar este acuerdo por el bien del país. Al tiempo se me antoja como la única salida a la difícil situación que también atraviesa el PSOE. O se erige en garante de la estabilidad y de la gobernabilidad, imponiendo la sensatez y la cordura, o le esperarán tiempos muy definitivos. Por otra parte, si los otros dos partidos no se avienen a acuerdos ni a razones, serán ellos los que tendrán que explicar muy bien y muy clarito a la gente, por qué anteponen sus intereses partidistas a los intereses generales y supremos del país. Sin duda les resultará muy complicado hacerlo, a pesar de sus grandes dotes de demagogia.

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