Y de regalo: ¡Un presidente!

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MITINEste año, y para finalizar, volvemos a las uvas y –de regalo- a las urnas. Y digo de regalo, sobre todo pensando en todas esas personas, cientos y cientos de ellas que, en la calle, en las redes sociales, en los bares, en la caja del súper, en las reuniones de vecinos y, si me apuras, en el chiringuito de la playa o en la sala de espera de cualquier centro de salud, confiesan estar hartas de estos cuatro años de duros recortes y corrupción.

Supongo que –también- están de suerte todos esos cerebros tertulianos de la economía que, durante estos cuatro años, han hecho el agosto paseándose por los diferentes programas televisivos de “duelos y quebrantos”, arreglando “de boquilla” nuestro país.

Incluso, están de suerte los jóvenes que por primera vez votan, y me refiero a los jóvenes de familias sin tradición política. Y sin tradición política significa que para desayunar, comer y cenar no toman de primer y segundo plato la ideología política hasta clavarlo en sus genes “per secula seculorum”. Hay familias que, desde la Guerra Civil, se pasan la ideología política como un título nobiliario. No hay cabida al criterio, a la razón, el voto se lleva en el corazón. Y así nos va…

Y como todos van a lo suyo, yo voy a lo mío. Sueño con ese premio del día 22, eso sí es un regalo. Quiero el primero, o quizás un segundo o un tercero. Incluso un cuarto o un quinto. Y como soy de bandear las piedras del camino, de la pedrea también admito un pellizquito.
Pero, con tan solo un par de números guardados en el monedero, a poco puedo aspirar que no sea trabajar y trabajar. Pasar, un año más, otra Navidad. Pero este año es diferente, este año y de regalo, un presidente.

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