Mujeronas

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Mis dos únicas hermanas son mujeronas. No quieren ser iguales que hombres, porque quieren seguir teniendo sus debilidades pero, como muchos hombres, han sabido buscarse la vida. Se marcan un objetivo y trabajan, concilian, y luchan por él. Procuran no hacer ruido, ni dar trabajo a nadie, ni ceder -casi nunca- sus responsabilidades. Acarrean con sus decisiones sin complicarle la vida a sus padres. Son muy guapas pero, sobre todo, muy listas y trabajadoras. Mis hermanas no van de superwomen, ni de sabelotodo, ni de más ni menos que nadie porque tienen sus miedos y sus preocupaciones. Estoy muy orgullosa de ellas, de sus camaleónicos cambios de vida, de su persistencia y vehemencia para salir adelante. Es una suerte tener estas hermanas, mujeres a las que parecerse, llevar toda su fuerza en los genes. Han sabido exponerse a -disculpen la expresión- llevarse hostias de realidad y continuar caminando como si nada. Si tú, que lees esto, te sientes identificada, permíteme darte las gracias porque, hermana, el mundo está falto de mujeronas.

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