Malas madres…

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malas madresPedir al año nuevo bienes materiales, me va a dar igual que me va a dar lo mismo. El sueldo da para lo que da, poder vivir y poco más. Y, creo, que nada tengo que ver -como cantó la gran Madonna- con una “material girl”. Aunque, no les llevaré a engaño, si me hacen un regalazo, no lo rechazo.

Pero si hay algo que ansío, y echo mucho de menos, son esos pocos ratos de mimos y atenciones que, la que escribe, regalaba a su hijo. Y digo pocos porque nunca tuve el tiempo suficiente para dedicarle todo el que se merecía, o quizás, no lo supe administrar. Entonar el “mea culpa” a estas alturas, ya no viene a cuento. Y achacar al “era demasiado joven”, y con demasiadas tareas, suena a excusa barata.

La verdad es que nunca fui una madre tradicional. Lo que llaman por ahí una “madraza”, esas que tienden la ropa al mismo tiempo que menean la cacerola y limpian los mocos a su cachorro. Las que son auténticas amas de casa y se saben las vitaminas, las medicinas y viven en una continua rutina. No fui otorgada con súper poderes para, trabajando, tener con un peque una casa de revista, ordenada y limpia, ni tiempo para el gimnasio o para un café con las amigas y unas risas.

La vida me regaló un hijo maravilloso que, quizás, no merezco. Ha sabido siempre estar a la altura de las circunstancias, seguir mis pasos -en mi propio camino- y ser mi gran ayuda y mi mejor compañía. Tal vez, sea una mala madre, pero al fin y al cabo, una mala madre que le adora y que por él daría la vida. Él, ya es un hombre, el hombre de mi vida.

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