Qué asco das, Donald Trump

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Hay personas que me provocan rechazo, otras que me caen mal, algunas que me repugnan y otras que -solo ver su jeto- me pone de mala leche. Pero hay pocas que provoquen en mí todas estas reacciones al mismo tiempo, una de ellas es Donald Trump. La verdad es que ese flequillo, que cuelga sobre su enrojecido rostro, esconde a un hombre con aspecto de caricatura, pero ni él ni lo que hace o dice tiene ninguna gracia. Este multimillonario detestable, que ahora es presidente de los Estados Unidos, lleva meses haciendo una exhibición de su fascismo, su racismo, su machismo, su estupidez en definitiva. A este señor, apoyado por su enorme fortuna y un mensaje populista hasta el extremo (eso sí que es populismo y del peligroso), lo han convertido en el hombre más poderoso del mundo. Lavado el cerebro a los estadounidenses de pedigrí con que sus problemas les vienen dados por los inmigrantes, mostrando su desprecio y su asco indisimulado hacia cualquiera que sea diferente al blanco, católico, y conservador americano; ha conseguido lo que quería.

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