Con las plumas de punta

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CON LAS PLUMAS DE PUNTA


Y preparando el nido por si tengo que acoger alguna “refugiada” catalana, que son muchas las de mi especie que habitan aquellas tierras y no deben estar pasándolo muy bien, habida cuenta de que nosotras somos familiares, universales, ciudadanas del mundo, y poco amigas de exclusiones, de totalitarismos y de nacionalismos trasnochados. La que se quiera quedar, pues muy bien, pero la que no se sienta a gusto, pues que emigre, que le buscaremos hueco.
Por estos lares, además, nos distinguimos por ser acogedores y hospitalarios, tierra de cruce de caminos que durante siglos ha sido parada y fonda de quien quisiera instalarse entre nosotros y que inmediatamente pasaba a ser uno más, uno de los nuestros.
Vamos, que somos buena gente y no nos merecemos lo que nos está pasando. Nos encaminamos de cabeza a un otoño caliente, con anuncio de movilizaciones, con protestas, con casi todos los deberes sin hacer y con un malestar creciente que hace que, con todo lo grave que está ocurriendo en nuestro país y más allá de nuestras fronteras, no tengamos aliento para arrastrar como podemos el día a día.

Un poco serio está quedando este artículo. Supongo que será reflejo de la estación de los cielos grises y los suelos ocres, y de la promesa del invierno que se avecina. Pero el caso es que seguimos sin una buena noticia que echarnos a la boca y, lo que es peor, sin la mínima esperanza de que alguna caerá.

Nada nuevo, ni bueno, sobre la cacareada plataforma logística que iba a sacarnos de pobres. Los buenos deseos van caminito de Toledo, como el tren de nuestros dolores, que ya no nos enlazará en directo y a velocidad de vértigo con Madrid. Si nos descuidamos, nos deja tirados en medio de la nada y arrastrando la maleta, como ha sucedido en varias ocasiones ya, convirtiéndonos en vergonzosa noticia nacional. Nada tampoco de mejoras en el polígono industrial, que pudiera atraer a alguna empresita que otra, por aquello de ver que algo se mueve.

Nada por aquí y nada por allá, con lo necesitados que estamos de magia o, al menos, de ilusiones. Ahora esperamos a ver qué pasa con la Ciudad Europea del Deporte, un título que codician muchas, y posiblemente mejor equipadas que nosotros. Especialmente cuando nuestros mejores deportistas están dando la voz de alarma sobre el mal estado de las instalaciones deportivas, por falta de mantenimiento, de inversiones o por otras causas. Y ponemos nuestras esperanzas en la declaración de nuestro casco antiguo como conjunto histórico, que está muy bien, pero largo me lo fiáis… Y en el EDUSI, a ver si a la tercera va la vencida, y nos caen unos milloncejos para parchear lo que se pueda.

Ha pasado el verano. Y la Virgen y la Feria. Las Navidades, que llegarán antes de que nos demos cuenta, se nos antojan todavía lejanas, y se impone enfrentarse al día a día con la mejor cara, por mucho maquillaje que haya que emplear, que aún no han acabado con nosotros, por mucho que realmente lo parezca.
Y ya que estamos por quejarnos, aprovecho para pedir a los responsables de la cosa una programación cultural más atractiva. Ya sé que no hay dinero, y que la Cultura es la hermana pobre, pero si al menos tuviéramos, de cuando en cuando, una obra de teatro, un concierto, una ópera que llevarnos a la boca, podríamos tragar mejor los sinsabores de cada día.
Aunque tengamos la piel de gallina y las plumas de punta.

Por Mª Ángeles Santos.

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