Cigüeñas en las trincheras

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CIGÜEÑAS EN LAS TRINCHERAS


Aquí estoy otra vez. En mi nido. Bueno, en algo parecido, que con lo fácil que es meter la máquina y tirarlo abajo, hay que ver lo que cuesta volverlo a tener en condiciones. Ramita a ramita, con mucho esfuerzo, sin las vecinas de al lado, pero estoy. Y pienso seguir estando. Como dice la canción, “Resistiré, para seguir viviendo/Soportaré los golpes y jamás me rendiré./ Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte/Soy como el junco que se dobla/pero siempre sigue en pie”. Pues ya está dicho y vamos a empezar bien, que es primavera, San Isidro está llamando a nuestra puerta y el río, por el momento, corre alegre. Disfrutemos de la vista.
Y no es que abril nos haya traído noticias para tirar cohetes, que en esta bendita tierra no nos dan una alegría por mucho que nos empeñemos. El tren sigue renqueante, avería tras avería y sin visos de que, ni tan siquiera, remocen la estación, que de AVE ya ni hablamos, y vamos a empezar a hacer lo mismo con el trenecito convencional por doble vía electrificada.
Tampoco es que haya novedades en el famoso “decálogo”, que aunque ha ido adelgazando con los años, no hay ni un sólo punto que podamos tachar por cumplido. El Grado de Informática tendrá que esperar al próximo año (eso si, lo tenemos anotado para recordarlo puntualmente). Por extenuación, no voy a poner ni una línea de suelo industrial, de Torrehierro o de plataforma logística, que ya se me han acabado los calificativos para tanta desidia.
Poco a poco se nos van acabando las fuerzas a todos, aunque es lo último que deberíamos perder, capacidad para protestar, para exigir, `para reclamar. El caso es que la última concentración, convocada para pedir con una sola voz lo que en justicia nos corresponde, no tuvo la respuesta deseada y quedó muy lejos de la gran cita del mes de noviembre. Eso sí, las reivindicaciones fueron las mismas, porque no se ha avanzado nada de nada .
Y es que parece que estemos en el eterno Día de la Marmota, girando sobre nosotros mismos y enredándonos con nuestros propios pies (o patas). De eso saben mucho por la casa Grande, por el Ayuntamiento, en el que crecen los desencuentros a medida que se van acercando las elecciones. Y porque todos tenemos la certeza-de que ahora meterán el turbo para hacer cuatro cosas que se inauguren justo antes de ir a las urnas.
Como cada cuatro años. Lo dicho, el día de la Marmota, interrumpido de cuando en cuando por algún acontecimiento cultural o festivo para que parezca que las cosas están cambiando, que no todo es oscuridad. De momento, y en mayo, Feria. Un tanto rara, que empieza con adelanto y acaba cuando debiera empezar. Pero Feria al fin y al cabo y ocasión de sacudirnos la ceniza del invierno, de tomar unas cañas con lo amigos y de mantener viva la ilusión de que otra Talavera es posible.
Mientras tanto, otro acontecimiento, de mis preferidos. La Feria del Libro, que esperemos que esta vez no esté pasada por agua. Y espero veros a todos por allí, que paso lista. Ahora que hemos ganado la batalla a la insensibilidad y la sinrazón y he vuelto al nido.

Por Mª Ángeles Santos.

 

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