Cigüeñas en el Prado – Enero

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CIGÜEÑAS EN EL PRADO


Desde siempre, las cigüeñas han sido portadoras de noticias. Buenas, a menudo, y no tan buenas en otras ocasiones. Todos hemos oído decir eso de “¿Qué traes en el pico, cigüeña?”. Pues bien, como no son precisamente estas majestuosas aves blancas las que faltan en Talavera, en esta sección preguntaremos cada mes a las cigüeñas qué ha pasado en la ciudad, qué se cuece, qué es noticia. Y cruzaremos los dedos para que nos traigan buenas nuevas.

Tiene que ser este. Que ya nos toca. Por cigüeñas (en femenino, claro), por Talavera, del mismo género, y de la Reina, no digamos, que además tiene connotaciones divinas, por aquello de estar elegidas especialmente. Y no digamos nada de la esperanza, mujer por supuesto, y de la desesperación, que va de su mano. O de la resurrección, que llevamos sorteando la muy femenina muerte durante demasiado tiempo.

Pues eso, que 2019 tiene que ser nuestro año, y aunque nos pille desencantadas y aceleradas, por lo que se nos viene encima, también debe cogernos prevenidas, dispuestas y arremangadas para lo que haga falta. No va a ser nada fácil, pero viniendo de donde venimos, tampoco es que nos asuste mucho. Tanta paz lleve como descanso deja 2018, especialmente en su última etapa, que ha sido un sinvivir y no precisamente por nada bueno. Que no hemos levantado cabeza, aunque al final se haya adornado un tanto el escenario negro con un presupuesto “inversionista” para el año que comienza; ni aunque se haya empezado, tarde, por supuesto, a asfaltar calles a toda prisa, a repintar bancos y a reponer luces en las desvaídas farolas. Y se hayan puesto los villancicos a todo trapo o se hayan diseminado belenes y mercadillos por el territorio patrio. Eso ya no lo sabemos, que son las señas de identidad del fin de legislatura, y llevamos muchos por el cuerpo, que a una ya le grisean las plumas.

Pero estos políticos nuestros deben pensar que somos tontos (y razón no les falta, a las pruebas me remito), y que con cuatro pinceladas de última hora nos harán creer que el cuadro es precioso y que merece la pena Diciembre ya nos ha aportado algunas pinceladas, aunque de momento no sabemos ni tan siquiera entre cuántos tendremos que elegir, si habrá coaliciones, o confluencias, como se dice ahora, si los que se han enfadado se reconciliarán para hacer una candidatura más fuerte, si otras formaciones o agrupaciones darán el paso hacia las urnas, si los candidatos que han sonado, serán los definitivos…

Lo sabremos, no tardando mucho, pero ojalá todos tengan muy presente que este debe ser nuestro año, por las razones expuestas arriba, y por muchas otras, que este 2018 nos ha dejado exhaustas. Vaya añito. Bien es verdad que por fin ha abierto la piscina cubierta (aunque con goteras), y que se ha licitado la pista de atletismo, cuando ya desesperábamos, y que nuestros deportistas nos han endulzado los días amargos. Que estamos “sonando” por el éxito de la exposición A Témpora, con decenas de miles de visitantes y subiendo. Y que se ha ratificado que tendremos Informática el próximo año en la Universidad. Por no hablar de la esperadísima declaración del Casco Antiguo como Conjunto Histórico, que con todas sus incógnitas es sin duda una buena noticia.

Me vais a permitir que me alegre especialmente por la consideración de los Jardines del Prado, mi casa, que diría el pequeño extraterrestre, como Jardines Históricos, que es un premio de consolación, pero un premio al fin y al cabo. Y que se lo merecen, aunque no me cansaré de repetir y de denunciar el lamentable estado en que se encuentran, pidiendo a gritos unos camioncitos de albero, un repaso a los árboles y un poco de cuidado por quien tiene los medios, que el cariño ya lo ponemos nosotros. Esto se está pareciendo mucho a una carta a los reyes, que no suelen hacerme mucho caso, pero lo he intentado. Por Talavera, porque tiene que ser su año.

COMPRAR EL TAJO

Es curioso que el río tenga dueño. Que lo tengan sus aguas y lo tengan, también sus islas, que deberían ser parte indisoluble del cauce. Pero en fin, parece que en algún momento, y por alguna razón, pasaron a ser propiedad privada y ahora se pretende que vuelvan a ser de la cosa pública. Y no seré yo quien me oponga, toda vez que entiendo que así debería haber sido siempre, desde que los ríos son ríos, y el tajo es Tajo. Otra cosa es lo que paguemos por ellas, y a lo que se piensen dedicar. Que no estamos para alegrías económicas, aunque a alguien le demos un alegrón. Tal vez antes de comprar las islas, hoy por hoy mezcla de maleza y desolación, debiéramos plantearnos comprar el río; recuperarlo, mejor dicho. Hacer lo posible y lo imposible para que volvamos a sentirlo como parte imprescindible de la vida de la ciudad. Como fue siempre, con sus islas y todo. Y con su agua, por supuesto.

Por Mª Ángeles Santos.

 

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