CIGÜEÑAS DESORIENTADAS

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No entiendo qué miedo hay en talavera a los espacios peatonales. que levante la mano quien no haya disfrutado de pasear por las calles comerciales de madrid o de cualquier otra ciudad tranquilamente, sin coches. Creo que hay que ir ganando espacio al tráfico, y no me parece que perjudique al comercio.

¡Qué tiempos aquellos en los que podíamos cotillear sin más pretensiones! No sabéis cómo echo de menos eso de hablar de los modelitos de las bodas, de los de Misa de 12, de las parejas haciéndose arrumacos en el Prado, de los rifirrafes de la Plaza del Pan o de lo que ha subido la leche o ha bajado el agua del río.

Ahora todo es mucho más complicado. Parece que sí o sí estamos obligados a hablar de alta política, que tenemos que desayunar, comer y cenar pactos y desencuentros, y hasta comulgar con ruedas de molino si queremos ser alguien, que alguien se interese por lo que decimos.

Y así andamos. Cigüeñas desorientadas que ya no vamos del río al nido, sobrevolando la ciudad, sino que podemos aparecer por cualquier parte, sin Norte. Ni Sur ni ninguno de los otros puntos cardinales. Eso ahora, que si cierran el Prado, ya sólo podremos salir cuanto manden, cuando toque. Pero eso será después.

Lo de ahora no tiene nombre. Hemos subido la cuesta de enero, cada cual como ha podido, pero la casa grande, el país, sigue hecho unos zorros y sin barrer. Tanta prisa, tanta prisa por celebrar elecciones, sin respetar Navidades ni nada, y ¿p’a qué? Pata tenernos en un Ay, sin saber con qué nos vamos a encontrar cada mañana.

Pero en fin, vamos a lo nuestro, que también hay tela que cortar, aunque tampoco hayamos avanzado mucho desde que lo dejamos el mes pasado. Mirad las obras de la Corredera y la Plaza, sin ir más lejos, que ahí sigue, con el dichoso “abujardado” que no sabéis el polvo que levanta. Vamos, que llego al nido como rebozada en harina. Y con la cabeza loca, que no creo que haya habido obra alguna en el mundo mundial que haya suscitado tal división de opiniones. Lo de la estética por un lado, que tiene lo suyo, y por si faltaba algo, la posible peatonalización. Cada cual defiende su postura apasionadamente y no sabemos en qué acabará la cosa. Eso sí, tampoco conocemos el plazo de finalización. Ni el del inicio de las obras de asfaltado, esas que iban a acabar con alguno de los centenares de baches y agujeros que adornan nuestros suelos, y en los que servidora ha metido la extremidad un par de veces en pocas semanas, afortunadamente con lesiones leves en mis rodillas.

Parece que en Talavera los tiempos fueran distintos, que todo tarda mucho, se aplaza, se dilata, se estira, se complica. Ni me acuerdo ya de cuándo fue la última vez que se cumplió, más o menos, un plazo de cualquier cosa. Sin contar con lo que ha habido que cambiar a poco de terminar, caso de los árboles de La Portiña, que han sido plantados de nuevo. Lo de las luces de la “gasolinera”, de la Plaza del Salvador, ya es capítulo aparte.

Los Reyes no nos han dejado nada nuevo. Ni una cuesta de enero más liviana, y ni Presupuestos siquiera, que andan en el Ayuntamiento a vueltas con las cuentas. Y con otros muchos asuntos, que los nervios andan a flor de piel.

Seguimos sin playa, ni falta que nos hace, porque tampoco hay río, aunque algo hayamos avanzado, y al menos hemos podido ver la foto de la unidad entre todos para defender lo poco que  nos queda. Mientras seguimos avanzando en la declaración de nuestra cerámica como patrimonio de la Unesco, se levantan voces para que se proteja el casco antiguo como patrimonio histórico. Dicen los munícipes que están buscando un lugar para un centro de interpretación de la cerámica. Igual no se acuerdan de que tenemos cerrado el antiguo Mercado de Abastos. Yo, por si acaso, lo recuerdo.

Una buena noticia, la posible recuperación de la Iglesia de San Prudencio, una verdadera joya que no se merece los años y años que lleva cerrada. El Patronato de San Prudencio ya tiene un proyecto y una cantidad reservada, que habrá que complementar por parte de quien corresponda.

Y a quien corresponda, por cierto, ¡Hágase la luz! No soy de hábitos nocturnos, pero es que no se ve un pimiento en toda la ciudad, y a este paso vamos a tener que salir con la linternilla, o con un casco tipo bombero.

Gracias a La Caixa por su magnífica exposición, que puedo ver todos los días, porque me queda de camino, y que me consta que está siendo muy visitada, como todas las que organiza la entidad. Hablando de camino, fea, fea y fea la nueva oficina de Turismo, un pegote de ladrillos que rompe la vista de la ribera y no tiene ningún encanto. Digo yo que podrían haberse esmerado un poco, poner, por ejemplo, algo de cerámica.

Pero igual es pedir peras al olmo. Si tenéis un ratito, no dejéis de ver el genial mural de cerámica del colegio San Ildefonso. Enhorabuena al colegio y a José Luís Espinosa y Centro Cerámico, artífices de la obra.

Ha pasado enero y todo sigue igual. Ni he dejado de fumar, ni me he apuntado al gimnasio, ni a una academia de inglés, y ni tan siquiera he hecho limpieza general en el nido. Vamos a por febrero, un mes bastante sosito, que San Valentín está demodé y los carnavales nunca han cuajado por estos lares. Nos vemos en marzo y para entonces, igual hasta tenemos Gobierno o alguien se ha acordado de nosotros.

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