Cigüeñas a la carrera

0

CIGÜEÑAS A LA CARRERA


Por Mª Ángeles Santos

Desde siempre, las cigüeñas han sido portadoras de noticias. Buenas, a menudo, y no tan buenas en otras ocasiones. Todos hemos oído decir eso de “¿Qué traes en el pico, cigüeña?”. Pues bien, como no son precisamente estas majestuosas aves blancas las que faltan en Talavera, en esta sección preguntaremos cada mes a las cigüeñas qué ha pasado en la ciudad, qué se cuece, qué es noticia. Y cruzaremos los dedos para que nos traigan buenas nuevas.

 

No hemos recuperado el resuello tras subir la fatigosa y empinada cuesta de enero, y ya estamos otra vez a la carrera. Esto es un no parar, y nos quedan por delante cuatro mesecitos de aupa, muchas vueltas al circuito y una meta que, cuando menos, está difícil de alcanzar así, a primera vista. Enero, con la resaca de las fiestas, las rebajas, las matanzas y las fiestas de San Sebastián o San Antón, muy propias de nuestros pueblos, se ha pasado en un suspiro, y es ahora cuando empieza el verdadero sprint, con todos los corredores colocados en sus marcas y con Talavera, se supone, como objetivo final.

Aunque quedan cuatro meses para las elecciones, lo que pase desde ahora ya es campaña pura y dura, y más que nunca, que más sabe la cigüeña por vieja (bueno, madura) que por cigüeña, esta vez tenemos que mirar con lupa lo que hacemos. Que se nos acaba el tiempo, que todos los números son malos; todas las imágenes, también, y llevamos demasiado tiempo con la foto fija.

Pues lo dicho, que busquen, conozcan, comparen y piensen, por encima de todo, en el futuro de la que Cervantes llamó “la mejor tierra de Castilla” y a la que ya no le basta con lamerse las heridas esperando un milagroso bálsamo de Fierabrás.

Son tiempos de baile de nombres, de saber quien representará a cada partido o formación política, y de especular con posibles alianzas posteriores; de curiosidad por las caras nuevas y las nuevas formaciones, de intentar averiguar si habrá sepa Dios cuantas listas.
Y no creáis que a pesar de la proximidad de las elecciones han pasado demasiadas cosas. Efectivas, digo, porque promesas… Las que queráis y más. De entrada, se han aprobado unos Presupuestos que ya hubiéramos querido el año pasado, y el otro y el otro. Vamos, que va a haber dinero para todo, para arreglar calles, para reponer parques, para restaurar patrimonio, y hasta para comprar islas. Nos falta el yate, y ya lo hacíamos redondo.

 

No es nada nuevo, que son cosas que pasan en años electorales y que, a fuerza de verlas legislatura tras legislatura, hasta las consideramos normales. Y luego nos pasamos los cuatro años siguientes renegando, que al fin y al cabo, siempre volvemos a tropezar en la misma piedra. Me cuentan mis colegas de la Plaza del Pan que la cosa está revuelta en la Casa Grande, porque las espadas, siempre en alto, ahora están más afiladas. Y porque corre prisa dejar en evidencia lo que queda por hacer, o lo que se ha hecho, según a qué lado pongamos la oreja. Pero esto no marcha. Le pasa lo que al tren de la bruja, por llamarlo de una manera poco traumática, y que está siendo noticia de portada un día sí y otro también en los medios nacionales. Ni loca me arriesgaría yo a subirme en una de esas cafeteras que nos unen (o deberían) con Madrid y Extremadura, y exponer a mis maltrechos huesos a un montón de horas sin calefacción, o sin luz o en un desangelado apeadero. No es nada nuevo. Ni muchísimo menos, aunque parece que alguno lo haya descubierto hace nada, tal vez coincidiendo con el cambio de Gobierno. El caso es que hay que arreglarlo, y tirándose los trastos a la cabeza no impiden que los viajeros se queden tirados en el andén.

A Témpora va como un tiro, estáis a tiempo de verla, quienes no lo hayáis hecho, y de repetir los que ya la conozcáis, porque es imposible abarcarla en una sola visita. Y porque en los tiempos que corren, es más importante que nunca alimentar el espíritu.

El “renacimiento”. Fue una buena época para la cerámica. Nos ha quedado una denominación de esta etapa fructífera, la greca renacimiento, la típica azul y amarilla, tan identificable y tan representativa. Y luego vino el declive, y después, el resurgir con Ruiz de Luna. Una larga cuesta abajo y parece que, de nuevo, nuestro arte más representativo, el que da apellido a la ciudad de nuestros dolores, levanta un tanto la cabeza.
No lo suficiente como para mirar con confianza al futuro, pero algo es algo, y lo importante es que se vuelva a hablar de cerámica tras años de silencio. La exposición A Témpora es sin duda un buen revulsivo, y también FITUR, donde se ha presentado la Ruta de los Murales que habría que “condimentar” con algo más para que fuera realmente atractiva pero que, sin duda, es un paso. Dentro, por supuesto, de una efectiva política turística, de promoción de la ciudad, de sus riquezas arquitectónicas y naturales, de su historia y su artesanía. Hay que aprovechar este tímido renacimiento, y tal vez, la historia vuelva a empezar.

Comentarios de Facebook

Dejar respuesta