Barreras Mentales

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BARRERAS MENTALES


Cualquier persona sin discapacidad no es consciente de las barreras que, las que sí tienen, se encuentran cada día. Muchos de los movimientos que hacemos automáticamente, suponen todo un hándicap para ellos. Aunque, desde el año 1994, la eliminación de barreras arquitectónicas está amparada por la ley, lo cierto es que no es suficiente para que la movilidad total sea posible.

Durante el año pasado, el ayuntamiento de Talavera, actuó ya en un centenar de aceras y pasos de peatones de la ciudad para eliminar barreras en una acción enmarcada en el Plan de Accesibilidad. Se adaptaron bordillos de aceras a pie de calle o se elevaron en los casos en los que el resalte perseguía disminuir la velocidad de los vehículos.

Pero, según ASEM (Federación Española de Enfermedades Neromusculares) “en todas partes se pueden encontrar aceras en mal estado o sin rebajes de bordillos, así como edificios sin acceso para sillas de ruedas. Las rampas de acceso a los autobuses urbanos no suelen funcionar por la falta de mantenimiento y la escasa capacidad de carga de las mismas”.

Respecto a la integración laboral, ASEM lo tiene claro. “Por parte de la Administración, queda mucho por hacer, por no decir, casi todo”, y proponen como solución que se asignen más trabajos estatales, dotados de los apoyos necesarios.
A este respecto, Ana Santamaría, concejala de Servicios Sociales, ha informado a Cover que próximamente se pondrá en marcha un convenio con Once Inserta con el que se impulsará la formación de discapacitados y contratación por parte de las empresas.
Para Nieves Arriero, concejal del PSOE en el Ayuntamiento, “se trabaja para que el empleo público reserve plazas para estas personas, pero esto tiene que llegar también a lo privado. La Administración por sí sola no puede ofrecer una igualdad plena”. Arriero añade que en Talavera, todo se complica más debido al alto porcentaje de paro. Y considera necesaria la sensibilización de todos los ciudadanos “no sólo porque lo dice la Ley, sino porque así debe ser. Todos deberíamos ver a los discapacitados como iguales”.

Álvaro, vecino de Velada, tiene un 85% de discapacidad. Padece la enfermedad de Duchenne, una enfermedad muscular degenerativa. Aún así, sus ganas de vivir con normalidad son poderosas, pero las barreas lo son más. Viajar, por ejemplo, es más caro para él, pues tiene que hacerlo en una furgoneta adaptada, además de contratar también un hotel adaptado. Álvaro estudió un módulo FP de administrativo, y hasta la fecha no le ha sido posible encontrar trabajo, a pesar de haber hecho varias entrevistas. Denuncia que, al verlo, la empresas se echan para atrás. ASEM pone nombre a sus sentimientos. “Rabia, frustración, desesperación, pena, impotencia y sobre todo el sentirse ciudadanos de segunda”.

Con todo, los discapacitados, siguen sintiéndose al margen de una sociedad, que, si bien establece normas para que sus necesidades se tengan en cuenta, no parece encargarse de que se cumplan.

Por Susana Hormigos

 

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