SUPERVIVIENTES: LA VIDA DESPUÉS DEL CÁNCER DE MAMA

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SUPERVIVIENTES: LA VIDA DESPUÉS DEL CÁNCER DE MAMA



Mamen, Raquel, Sonia, Susana y Camino no se conocían. Han llevado vidas muy diferentes pero sin saberlo, han recorrido el mismo camino, el de enfrentarse a la enfermedad. Todas han querido dar visibilidad a la lucha contra el cáncer de mama y ayudar de esta manera, con su testimonio, a quienes puedan encontrar en ellas la fuerza que a veces muchas no encuentran en sí mismas.

“He conocido a personas muy especiales, compañeras de batallas, que ahora son más que eso, grandes amigas”, explica Mamen Gómez al hacer balance de las cosas buenas que ha podido sacar después de su cáncer de mama. Eso sin contar a su familia y amigos de siempre que han estado a su lado. En su caso, en un año ha pasado por el diagnóstico, el tratamiento, la cirugía y una reconstrucción, y aun así no ha parado de trabajar, aunque reconoce que en algunos proyectos tuvo que echar el freno.

Para Mamen, la vuelta a la vida activa, como la de cualquiera de estas supervivientes, “es la mejor de las noticias”, aunque la adaptación “requiere un tiempo determinado, distinto en cada una de nosotras”. “Lo importante es ir retomando poco a poco las rutinas cotidianas tanto en el ámbito familiar y laboral como en el social, sobre todo, actividades que enriquecen tu vida”, comenta.
Otra de las cosas buenas ha sido para ella, la decisión de cambiar hábitos e incorporar actividades saludables a su vida, desde la alimentación, caminar hasta gestionar el estrés. “Esto también requiere de tiempo y trabajar las emociones porque hay subidas y bajadas en tu estado de ánimo, cuesta más concentrarse”, confiesa.
“A veces se te olvida”, asegura, “pero el miedo y la incertidumbre a la recaída está ahí y lo piensas”.

TODO EL MUNDO ECHÓ UNA MANO

Tampoco dejó de trabajar durante todo su proceso Raquel Fernández Gurumeta, en parte porque le servía para desconectar “de los días y días perdidos en el hospital”. Mamá de familia numerosa, todos se mudaron a casa de los abuelos, pues Raquel descubrió su enfermedad en la revisión del quinto mes de embarazo de la pequeña María. “Todo el mundo echó una mano”, recuerda.
“En una semana me diagnosticaron un tumor que venía desarrollándose unos dos años y ya me quisieron poner el primer ciclo de un tratamiento que está autorizado para embarazadas”, cuenta, reconociendo además sus temores durante el tratamiento de quimioterapia.
Fue una contrarreloj para toda la familia, pues había que esperar a la semana 35 para que pudiera nacer María sin correr riesgo, aunque finalmente tuvo que ser antes. Ella le salvó la vida, dice su madre, por eso en la familia le llaman cariñosamente “la niña milagro”.
Ahora ha retomado su vida “pasando página”, afirma, con algunas secuelas físicas como la falta de concentración u orientación, porque, añade, “el cuerpo no te responde igual de bien”.

BARRERAS LABORALES Y FÍSICAS

El caso de Sonia Ballesteros es conocido en Talavera pues “lideró” las reivindicaciones de un grupo de mujeres que tuvo que esperar años, desde el 2013, para poder someterse a la cirugía de reconstrucción mamaria tras el cáncer en el Hospital de Talavera. Desde entonces la situación ha cambio, pues desde hace medio año, las pacientes no se tienen que trasladar a otros centros hospitalarios, sino que un cirujano especializado en este tipo de operaciones viaja a Talavera.
Y no ha sido su único obstáculo tras el cáncer. A Sonia la despidieron tras su incorporación al trabajo, un inconveniente pues no podía buscar otro al estar pendiente de la reconstrucción.
A pesar de reconocer “las barreras” que ha tenido tras el cáncer, Sonia se ha refugiado en el deporte; clases de pilates, bici, natación, running, a lo que se suma su ilusión por volver a trabajar por lo que se “recicla” a base de cursos de formación.
La reincorporación al trabajo es una de las principales trabas para muchas mujeres tras el cáncer, también lo ha sido para Camino Recio, celadora, con plaza fija en el Hospital de Talavera, finalmente le dieron una incapacidad total en su categoría a consecuencia de su enfermedad, lo que le ha obligado a trabajar como auxiliar administrativo “por la bolsa de trabajo”.
“Es cierto que tengo unas limitaciones, porque tengo que llevar una medicación, la vida no vuelve a ser igual, ni mucho menos, tienes otras prioridades”, relata Camino, que colabora en estos años en distintas iniciativas para ayudar a enfermas de cáncer.
Algo en lo que coincide con Susana Calle, otra de nuestras supervivientes, que asegura que después del cáncer la vida continúa pero “cambiando las prioridades”. “La diferencia es que una se vuelve más selectiva en todo, sobre todo en cuanto a personas que te rodean, te das cuenta de quiénes son verdaderos amigos”.
Pese a que el número de casos de cáncer de mama va en aumento, también se está incrementando el índice de supervivencia de las pacientes con cáncer de mama durante los últimos años, cercano al 90 por ciento. Una tendencia que refleja el avance, gracias a la investigación, de nuevos tratamientos disponibles para las pacientes.

Y DESPUÉS DEL CÁNCER, ¿QUÉ?

Camino Recio – Celadora
“La vida te cambia totalmente, no vuelve a ser igual, aunque me reconforta mucho ayudar a gente que pasa por lo mismo que yo he pasado”
Mamen Gómez – Periodista
“Ahora estoy preparada para superar el miedo escénico, como decimos en el teatro, centrándome en el aquí y el ahora”
Susana Calle – Enfermera
“Siempre hay que vivir antes, durante y después del cáncer, pero cambiando las prioridades”
Sonia Ballesteros – Administrativa
“Hemos hecho una marcha durante el tratamiento del cáncer y ahora tenemos una carrera de obstáculos en algunos temas como el trabajo”

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