Opinión: sentencias, convivencia y política

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Por Carlos Perantón

Cuando las enciclopedias ocupan megas y no estantes, parece que nos empeñamos en repetir capítulos que nunca fueron superados.

Soy consciente de la importancia y la necesidad de avanzar, los pasos en una democracia reciente como es la nuestra.

Hoy Franco no provoca pasiones más allá que en un puñado de nostálgicos. Mientras a la gran mayoría les provoca una terrible indiferencia.

La desmemoria acompaña la convivencia. La indiferencia y el olvido serían los lugares adecuados si no fuera tan grande el riesgo que representa desdeñar la historia y despreciar la experiencia. Y es por eso que se hace necesario sacar el féretro del dictador de un lugar que no es el suyo. De un lugar donde los herederos de su régimen, en un ejercicio de ostentación planearon perpetuarse a cuenta de una mortaja.

Y es necesario dignificar a las víctimas de una guerra que dejo heridas en todos los pueblos, en todos los bandos, en todas las familias.

Convirtiendo las cunetas en los mausoleos más grandes en la historia de un país.
Hoy hay quien no condena la Guerra Civil y el levantamiento franquista. Y también hay quien no condena la violencia en las calles de Barcelona, unos herederos de quienes decían hablar catalán en la intimidad y otros herederos de quienes acusaban al primero de darse la vuelta como un calcetín.

Las sentencias condenan delitos porque hay acciones desarrolladas incluso desde esferas gubernamentales que van contra las leyes, contra la Constitución. Y que ponen en riesgo la convivencia, el territorio, la población y el sentimiento como elementos constituyentes del
Estado. Y para eso, todos los estados tienen instrumentos institucionalizados que se organizan y estructuran desde la clave política, para el entendimiento, la gestión y la coerción.

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