Naturalistas insensatos

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Sigo sin comprender la absurda y nueva moda –para mí una absoluta insensatez- de no vacunar a algunos niños, por cuestiones de vete tú a saber qué ideología o creencia en que las enfermedades son producto de las compañías farmacéuticas y que han de curarse naturalmente. Esta moda naturalista ha sido muy cuestionada por los especialistas que ven en ella, un problema de irresponsabilidad por parte de los padres.

El caso, por ejemplo, del niño de Olot contagiado por difteria, enfermedad hace años erradicada en España y Europa -y que puede ser mortal- es un caso gravísimo en el que la justicia debería tomar medidas. Cada uno que opine como quiera, pueden pensar que un cáncer se cura con dos hojas de laurel pegadas a la piel y que las farmacéuticas son el mal mayor, pero que unos padres pongan en riesgo la vida de sus hijos y, por ello, la de los hijos de los demás, hay que perseguirlo y castigarlo.

El pequeño de seis años, y contra todo pronóstico por parte de estos fanáticos antivacunas, ha fallecido. Cinco dosis de la vacuna que ataca esta bacteria hubieran salvado su vida. Cinco dosis de vacuna y la sensatez de sus padres.

 

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