“Mariángeles” Por Javier Gil

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“MARIÁNGELES”


Por Javier Gil

Corría el verano de 1988 cuando el Consejero de Educación Sisinio Pérez Garzón visitaba Talavera y hacía unas declaraciones que a un chaval de quince años, con el ímpetu de la juventud y el amor a Talavera que me habían inculcado mis padres, le parecieron insultantes. El político dijo que ” Talavera aparentemente no tenía un perfil histórico y cultural”. Decidí escribir una carta a la Voz del Tajo, como las de aquella época, manuscrita, en la que critiqué esa desafortunada afirmación. Cuál fue mi sorpresa que la epístola me fue publicada e incluso mereció una respuesta del Consejero pidiendo disculpas. Pocos días después sonó el teléfono y mi madre me pasó con una señora que preguntaba por mí. Se trataba de Mariángeles Santos una periodista que dirigía Diario 16 –La Voz del Tajo, quien con su ronca voz inconfundible me invitó a visitar la redacción del periódico.

Con el miedo y respeto que se tiene a un profesor que piensas que te va a reñir, subí las escaleras de la redacción y allí me recibieron Carmen Sánchez Jara, Jesús Morales, quien dirigía el semanario “Tú Verás” y Mariángeles. Mi temor se transformó en ilusión y alegría cuando me mostraron su agrado por el artículo que había escrito y me ofrecieron tener una sección fija en el periódico que salía todos los sábados en la que estuve escribiendo hasta 1996: “La Talavera Capital”. Nunca se me olvidarán las tardes discutiendo sobre el futuro de Talavera, cómo me enseñaron a revelar fotos en la cámara oscura, o cómo cuando un artículo era demasiado duro con el “poder”, Mariángeles me ayudaba a saltar la pequeña censura que pudiera existir en las alturas de la empresa. Luego llegó su época en el Ayuntamiento con Florentino Carriches donde yo seguía siendo su niño. Y su niño seguí siendo durante el resto de su brillante “curriculum” profesional que, sin embargo sería aún sobrepasado por su categoría como persona. De ti aprendí moderación, tolerancia, pensar dos veces las cosas y a amar profundamente a Talavera y sus Tierras a las que Mariángeles, aún sin haber nacido aquí, amó profundamente hasta el último día. Ahora, treintaidós años después del día en el que tuve la suerte y el honor de conocerte, nos dejas, pero el cielo de Talavera gana una estrella más y yo cuando te mire seguiré sintiéndome tu niño.

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