“Hasta mañana Mariángeles” Por Javier Rivas

0

“HASTA MAÑANA MARIÁNGELES”


Por Javier Rivas

Hoy me vas a permitir que esté triste, muy triste, querida amiga. No me regañes. Pero también estoy cabreado, lleno de rabia y de angustia. Y sin embargo no puedo dejar de ver tu sonrisa, de escuchar tu voz ronca, siempre amable y llena de cariño.

Estoy sintiendo que desde el universo me dices que soy un ganso, mientras no paras de reír. Tantas veces hemos vivido esa escena. Tú poniendo cordura a las chiquilladas de Carmen de Nines y mía en tantos viajes, en tantas ciudades, en tantos cafés.
Te quería, y tú me querías. No hizo falta que nos lo dijéramos nunca, o tal vez sí. Ya no importa. Cada charla, cada instante que hemos pasado juntos han sido de un inmenso cariño, de un enorme respeto, de una sincera admiración.

La pena muchas veces nos hace creer que la muerte siempre es injusta, pero no es cierto. La muerte es implacable y ecuánime. Lo que sí es injusta muchas veces es la vida y casi nunca ecuánime.
No reprocharé nada a esa dama que a buen seguro te ha llevado al paraíso, a esa especie de biblioteca llena de libros que imaginaba Borges y que tú compartías sin dudarlo. Pero las entrañas si me piden gritar algo a los que no te facilitaron nada la vida. Algún día lo hare, aunque te enfades conmigo.

Hoy solo quiero anotar en mi cartera, que mi vida es infinitamente mejor gracias a ti. Que me diste luz y alegría; que contigo recobré la curiosidad; que soy un privilegiado por haberte tenido en mi vida.
Por mucho que me maravillaran tus escritos, nunca alcanzaran la enormidad de tu corazón, de tu amistad, de tu ejemplo. Para el mundo quedará tu prosa implacable y hermosa, tus crónicas certeras y directas; tu análisis profundo y cargado de inteligencia. Para mi quedaras toda tu, siempre tú.

No quería ponerme nostálgico, pero en estos momentos no tengo el dominio de mis sensaciones ni del teclado. Los ojos de tierra me impiden ver con claridad, solo el corazón manda y dicta. Esta vez no me llamarás para decirme que te ha gustado o no mi columna. Ya no sabré si lo hago bien.

Cada mañana enciendo la radio que me regalaste hace años. Está un poco ajada por el tiempo, pero sigue en marcha, contando historias, musitando canciones, informando al minuto de lo que pasa. De algún modo, esa radio que también amabas, nos conectará a Jesús y a mí contigo cada día.

Un beso muy grande cariño. Descansa. Hasta mañana.

Dejar respuesta