Esto es otra historia: Napoleón y la conjura de Talavera

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Por Javier Gallego

Al atardecer del 18 de marzo de 1807 un jinete sale de Talavera de la Reina, raudo por sus estrechas y empedradas callejuelas serpentea entre albañales y transeúntes, atrás van quedando las sombras de las vetustas murallas cuando enfrenta el camino real hacia la Madrid mientras su silueta se desvanece por el puente del río Alberche. Se ha activado una conjura secreta para destronar al rey de las Españas; en la faltriquera del emisario va cosida una bolsa de cuero con un manuscrito cifrado e instrucciones precisas para un destinatario final muy especial: Napoleón Bonaparte.

A lomos del corcel cabalgan cinco hojas salidas del puño de Juan Escóiquiz que cambiarán la historia de España. Fernando VII solicita ayuda a Napoleón con un plan: se casará con una hermana de Bonaparte y expulsará del poder a Godoy y a su propio padre, el rey Carlos IV.

Escóiquiz, nacido en Ocaña , es un eclesiástico, culto, embaucador, políglota, putero, amancebado y muy poderoso; de los hombres más influyentes de la corte borbónica. Designado por Godoy para ser el responsable de la educación del futuro rey de España Fernando VII, quien acabó convertido en una marioneta del canónigo toledano .
Godoy había desterrado a Escóiquiz a Talavera para alejarlo de Fernando VII. El religioso aprovechó su estancia en la ciudad de la cerámica para conspirar.

La carta de Talavera había encendió la mecha de la invasión francesa de España.

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