Dónde me habré dejado la cabeza

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DÓNDE ME HABRÉ DEJADO LA CABEZA


Por Javier Gallego

A fecha de hoy no tenemos ni la menor idea de dónde se puede encontrar el cráneo de Goya.

Cuando en noviembre de 1888 -60 años después de ser enterrado- se exhumó la tumba de Burdeos se comprobó que Goya había perdido literalmente la cabeza, se indagó en busca de testimonios que pudieran aportar algo sobre cómo fue enterrado y si su cuerpo estaba al completo en aquel momento.

Y se encontró una testigo que lo certificó. Cuando se le preguntó ya era nonagenaria, pero insistió en que tenía perfectamente nítido el recuerdo: el día que Goya fue enterrado en Burdeos, “no le faltaba la cabeza”. Los telegramas que se cruzaron entre España y Francia cuando se reclamó la repatriación de sus restos, unos años después: «Esqueleto Goya no tiene cráneo», escribió a Madrid el cónsul español en Burdeos. Y el Gobierno contestó con otro telegrama: «Envíe Goya con cráneo o sin él»

El Museo de Zaragoza conserva un óleo de la calavera pintada por el asturiano Dionisio Fierros en 1849. En el reverso se indica que se trataba del cráneo de Goya y aparecía también la rúbrica, a modo de fedatario, del marqués de San Adrián. Dionisio Fierros, a la edad de veinte años y acompañado del marqués de San Adrián (a quien Goya había retratado a principios de siglo) y de un doctor interesado en la frenología, habrían profanado la tumba del pintor en La Chartreuse para robar su cráneo.

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